domingo, 9 de agosto de 2020

EL COVID NO ES SÓLO UN VIRUS, ES UN CAMBIO

(Artículo que escribí en mayo para la revista BALANCE SOCIOSANITARIO).


Trabajo en una residencia de mayores de la Comunidad de Madrid. Y todos sabemos lo que a día de hoy significa.

Los datos oficiales a 28 de abril de 2020, nos indican que más del 80 % de los fallecidos tenían más de setenta años, de un total de 76.525 casos confirmados contabilizados (fuentes del Ministerio de Sanidad). Ni que decir tiene que muchos pertenecían a nuestro ámbito residencial.


Pero en esto, como en tantas otras cosas, España realmente no es diferente. Leo con preocupación que nuestros compañeros europeos padecen una situación similar. Con una población frágil, pluripatológica y dependiente - o muy dependiente-, la enfermedad se ha cebado también en sus residentes. Aquí, en Bélgica, Francia, Alemania, Reino Unido, etc. Es más, percibo que en todos estos países hemos sido los sectores más afectados y menos tenidos en cuenta. En muchos de ellos, incluso los fallecidos entre sus paredes ni se contabilizaban. Sufren los mismos problemas de abastecimiento de equipos de protección y de pruebas. Y su personal se ha visto afectado en un número siempre demasiado alto.


¿Todo por que trabajamos mal?¿Por que somos de segunda?¿Por que no sabemos gestionar? O algo peor ¿Por que les dejamos morir?


De eso nada.


Siento esa doble vara de medir que se nos aplica. La injusticia de sentir la desconfianza en el ojo ajeno que nos mira con suspicacia.

No, no les dejamos morir, porque en la televisión salgan féretros. O porque no se curan. Porque se curan. Si, aquí también se curan. Pero aquí no les hacemos el pasillo al salir, porque no salen. Al curarse, aquí se quedan con nosotros. Les acompañamos a su habitación con la felicidad de recuperar a "uno de los nuestros".


Tampoco es que no sepamos gestionar, como instituciones, como mandos. Desde el primer momento trabajamos adoptando y adaptando continuamente, las medidas y los protocolos que se nos indicaban. Según la evolución de la situación y de la realidad de nuestro país en cada momento.

Hemos trabajado lo mejor que hemos podido y sabido. Con los medios de los que disponíamos y que podíamos conseguir, buscando hasta debajo de las piedras.

Y no somos de segunda. Los profesionales de las residencias trabajan como el que más. Con la formación que se les exige y con un grado de entrega que debe ser valorado y tenido en cuenta. Y hablo de todos, sin diferenciar formación, turno o color del pijama.


Cuando todo esto acabe, y no antes, nos sentaremos y miraremos hacia atrás. Veremos en qué hemos fallado, en qué podíamos haber sido mejores. Evaluaremos y, espero, aprenderemos de ello. Y necesitaremos tiempo para asumirlo e integrarlo. Para recuperarnos. Porque este virus nos ha trastocado hasta lo más profundo. De una manera que todavía no somos capaces de valorar en toda su dimensión.


Hemos visto como la epidemia entraba en nuestros centros. Cómo se llevaba por delante la vida y sus detalles. Su rutina, su bendita rutina.

Se llevó los desayunos en el comedor, el ejercicio en grupo de fisioterapia, los talleres de terapia ocupacional. Desaparecieron las tardes de charla al sol, las visitas familiares, los cumpleaños en el bar. Nos vació los jardines, los salones y la peluquería. Ya no hay bingo, ni cine por las tardes. Ni vienen los voluntarios con sus camisetas azules y sus ganas de colaborar.

Desgraciadamente también se llevó la alegría, la paz, la risa. Se llevó el ánimo de los trabajadores y la risa de los ojos de nuestros queridos residentes. Arrasó con la salud de unos y de otros. Se llevó la vida.


Y nos dejó las videoconferencias para las despedidas, el peso en el alma de acompañar tantos momentos así para el personal, en tan corto espacio de tiempo. Nos dejó como única mano amiga para residentes con los que hemos compartido años y años de vida en común. Porque ya eran parte de nosotros. Nos dejó trajes que nos hacen invisibles, olor a lejía, zonas rojas, verdes y de tránsito. Nos dejó camas vacías y trabajadores desolados. Nos dejó una tristeza pegajosa en el alma. Nos ha robado cachitos de nuestro corazón.


Porque más allá de un número, de una patología o grado de dependencia. Nuestros usuarios tienen nombre. Si, aquí tienen nombre. Como te descuides no sabes ni el número de habitación. Aquí viven Rosa, Blanca, Carmen, José, Amario, Concepción, Isidora, etc.

Y, por eso mismo, volvimos a nuestro ser. Hemos convertido la situación en una nueva rutina. Se visten de astronauta, como algunos dicen, se ponen el nombre bien visible, y deciden que ese día tampoco les va a llevar la tristeza. Y les asean, les visten, les dan de comer, friegan, lavan y limpian todos los rincones. Pero también cantan, bailan y hacen crucigramas con ellos. Les hacen reír, recordar historias y contar anécdotas.

Otros se pasan el día hablando con las familias, que lógicamente siempre dicen que es poco. Algunos han cambiado de trabajo, antes hacían fisioterapia o terapia y ahora llaman por teléfono, hacen kits de aislamiento, ayudan en planta o transcriben cientos de informes.


Porque las residencias están vivas, se reinventan, se adaptan. Y el covid también ha sacado lo mejor de nosotros. Dejemos atrás los prejuicios hacia el mundo residencial. Valoremos todo este esfuerzo, que muestra de qué madera estamos hechos.


Puede que de esta epidemia salga un nuevo modelo asistencial. Puede que se ponga en valor a la parte viva de la institución. Residentes en el centro, profesionales valorados, estructuras adaptadas. Cambios necesarios, que puede que salgan adelante. Hemos demostrado que somos capaces de afrontar grandes retos. Merecemos sentarnos de igual a igual con el resto de profesionales de la sanidad, de la atención.


¿Hospitalizamos las residencias?¿O desaparecen y tiramos hacia el modelo de viviendas colaborativas?Ni lo uno ni lo otro es la única y mejor solución. Visto cómo les ha ido a los hospitales, no se si esa solución da todas las respuestas. Y visto cómo ha ido en Europa, con otros modelos, tampoco hubieran detenido esta epidemia. Creo que hay que replantearse hasta las estructuras. No olvidemos los ratios, que necesitan un urgente redimensionamiento. Pero hay mucha tela que cortar. Protocolos, formación, reconocimiento, gestión del talento, etc.


Y, para finalizar, os recuerdo que, al personal de nuestras residencias, no le tumba ni un virus. Por muy canijo que sea.

sábado, 8 de agosto de 2020

Mirlo

 Amaneció, como cada mañana, horas antes que ella. Con pocas ganas se levantó. Se calzó las zapatillas y, en pijama, se arrastró hasta la cocina.

Fue directa al balcón. Allí estaba la razón que le llevaba a levantarse cada día, de los últimos quince. Un estupendo mirlo se apoyaba en la verja, como esperándola.

Compartían unos minutos de silenciosa conversación y luego se alejaba volando, hasta la mañana siguiente.

Así fue como, Paola, fue salvada por un mirlo.

domingo, 13 de noviembre de 2016

¿LA VEJEZ ESTÁ DE MODA?

Están de moda. Si, como cada vez son más, era cuestión de tiempo que nos fijáramos en ellos. Para que ellos se fijaran en nosotros. Mayores felices, mayores con estilo. Mayores con personalidad, con poder adquisitivo.

Ahí están las marcas para hacernos más apetecible la vejez. Esos mayores con personalidad, independientes, inteligentes, con energía y seguridad. 

Bueno, para variar no está mal. En lugar de jovencitas famélicas, ancianas saludables y libres. En lugar de esos modelos que parecen enfadados con todo el mundo, hombres mayores de risa franca y camisa floreada, con el pecho canoso al descubierto.

Si, no está mal.

Eso si, que se mantengan así por mucho tiempo. Que Dios, Alá, Buda, el destino o la Fuerza, les mantenga tan lozanos.

Porque cuando la dependencia aparece por la puerta, toda la sociedad salta por la ventana. Los sindicatos, los partidos, las consejerías, los ministerios y los gobiernos. Todos corren en dirección opuesta al punto que ocupa.

Pero no nos bajemos de la foto.

Nosotros también nos escabullimos, como alma que lleva el diablo. Porque todos ellos y lo que hacen, lo hacen con nuestro visto bueno. Con nuestra condescendencia. Sino con nuestro apoyo. Están ahí, no nos quejemos, no protestemos. Nosotros les hemos puesto ahí. Somos así. Y todo aquel que intente algo, muere ahogado por el aparato implacable de la jerarquía, la estructura, la inercia...

Dicen por ahí "Todo el mundo quiere llegar a viejo. Pero nadie quiere serlo".
Dios nos pille confesados. Quiera Él que participemos en esos anuncios y nuestra muerte sea rápida e indolora.

Porque si nos cubre la patina de la dependencia, sabremos lo que son los recortes, el profesional que trabaja ahí porque no hay otra cosa mejor -que mole más-, los profesionales quemados por falta de todo, la soledad, la medicación que realmente no está pensada para pluripatologías, la falta de adaptación de los espacios, los tópicos, las limitaciones que vienen de todas partes, etc.

La vejez no mola, no viste.

Pero mientras, que vistan todos esos modelos de mayores estupendos con sus trajes y sus gafas.



lunes, 2 de mayo de 2016

FISIOTERAPIA DE VERDAD Y NO LA GERIÁTRICA

Hace unos días, visitando una residencia de mayores asistidos (muy asistidos), me crucé con la fisioterapeuta del centro, conocida de hace años. No se quedaba al almuerzo festivo, tenía otro trabajo por la tarde. Unas horas, pero fisioterapia de verdad, que le daban la vida profesionalmente. Me explicó que el trabajo en la residencia le resultaba frustrante, que no conseguía nada. Y lo poco que conseguía no se utilizaba en planta. 

Me entristeció. Se que es buena profesional, que se esfuerza día a día por dar lo mejor en la sala de la residencia. Entonces ¿Qué pasa con la fisioterapia en geriatría?

La fisioterapia está en pleno crecimiento dentro de la geriatría. Se requiere de profesionales en todos los ámbitos -dejemos a parte la remuneración, la carga de trabajo, el conocimiento real del trabajo que desempeña por parte de los jefes...-. Sin embargo, no se siente en la profesión como una opción tan válida como las demás. Como si fuera de menos lustre. Mola más la deportiva, la hospitalaria, la pediátrica. Cualquier otra ¨mola más¨. 

Creo que el desconocimiento sobre la fisioterapia en el campo de la geriatría es inmenso. Muchos creen que es hacer lo mismo que en hospital, pero siempre con pacientes viejunos. Tratas una fractura, una insuficiencia respiratoria, un ictus, etc.

Otros creen que es eso tan en boga, del envejecimiento activo. Un montón de mozos y mozas canosos, que hacen ejercicio, suben brincando las escaleras del parque para jugar con sus nietos  y ganarles a comer gominolas.

Otros creen que es algo tétrico, triste, porque trabajas con personas con un pie en el otro barrio y con los que no puedes conseguir nada.

La fisioterapia en geriatría es todo eso y mucho más, menos tétrica. 

Hay que redescubrir una disciplina intensa, amplia y variada. Es una disciplina o especialidad, dentro de la fisioterapia, no tanto por las técnicas especiales y únicas (la técnica mili o la técnica Pili), como por los modos de aplicación de esas técnicas y su adaptación a unas especifidades propias del envejecimiento. Engloba todos los aspectos de la persona y la salud, todas las partes del proceso de atención a la persona. Pero también hay que trabajar multidisciplinariamente, y de manera holística. Hay que saber valorar la funcionalidad, la independencia, las variaciones en todos los órganos y aparatos.

Y no es lo mismo tratar con uno de esos mayores que van a todas partes, con la cámara, la toalla y las deportivas. Que tratar con los grandes incapacitados, con aquellos que tienen una movilidad reducida. Y si quieres aplicar los mismos objetivos a unos y a otros es frustrante. Y en ambos casos, la fisioterapia ha de estar presente. Es imprescindible. Y más en este último grupo. 

Pero ¿Qué vamos a conseguir con gente que no camina, que no come, que no es continente? Pues tendremos que sentarnos a meditar qué puede hacer la fisioterapia por ellos. 

¿Os imagináis que un fisio en palitivos buscara otro trabajo porque no consigue nada? O puede que en paliativos tengamos mucho más claros los objetivos. Unos objetivos bien grandes y bien importantes: calidad de vida, comodidad, alivio sintomático...

Pues si en el proceso final de la vida -en un centro hospitalario- es tan importante, tanto más en uno de nuestros centros con usuarios asistidos y grandes dependientes.

La fisioterapia en geriatría abarca un rango de edad muy grande, con unas variaciones funcionales enormes. Es necesario profundizar en el proceso de envejecimiento, que es algo fisiológico -no es enfermedad- y en las patologías que se presentan. Tanto las comunes con otras etapas de la vida, como aquellas más frecuentes en edades avanzadas. Teniendo en cuenta que hay una variable muy importante, las patologías trascienden los órganos y sistemas. Se requiere un gran control de todas esas implicaciones para poder hacer un tratamiento correcto.

El objetivo del tratamiento es mantener la funcionalidad al máximo, conseguir la máxima autonomía en las actividades de la vida diaria, dar calidad de vida SIEMPRE. Independientemente del punto en el que se encuentre.

Repensemos una especialidad, cursos de formación en este campo tan complejo, etc. Apenas si encuentras algo.

Siento envidia sana de esas jornadas del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Catalunya  

Hay un gran futuro en el campo de la geriatría. Y necesita que se le ponga el foco.

sábado, 10 de octubre de 2015

NOSOTROS QUE MALTRATAMOS

En mi residencia, en toda residencia que se precie, tenemos un montón de familiares. Un montón de familiares que se quejan. Puede que no sean muchos, pero se hacen notar bastante.

Seguramente tienen razón. A fin de cuentas, si lees sus quejas, sus múltiples quejas, no sabemos poner pañales, ni cambiarlos. No tratamos sus patologías a tiempo. Los medicamentos que ponemos son caros, o pocos, o muchos, o se pierden, o se acumulan. Nosotros somos los que no sabemos cuándo poner a su padre al baño, cuando cambiarle la ropa, cómo darle la comida.

Si seguimos las quejas, nuestros abuelos están caquéticos, ulcerados, infecciosos perdidos. Ellos alertan sobre la necesidad de cambiar los profesionales que cuidan a su madre, los médicos, los fisios que no hacen que vuelva a caminar. Nadie sabe cómo identificar ese cambio de comportamiento, esa pérdida de marcha, ese babeo.

Tenemos familiares que nos descubren cada semana, como unos cuidadores pésimos, unos profesionales malísimos, una institución descontrolada. etc.

Pero ¿Y ellos? ¿Cómo se retratan en sus quejas? Porque sinceramente, ellos quedan todavía peor.

O ¿Qué pensaríais de una persona que tiene a su madre en una institución que maltrata, que favorece la enfermedad, que no cuida ni la salud, ni las necesidades básicas de la anciana?

Pues para mi, si la residencia maltrata, el familiar es todavía peor. No es sólo cómplice, es culpable de dejar a su amado padre en una institución tan horripilante como la nuestra.

Por mucho que no deje de quejarse, no deja de ser llamativo que no pida traslado, que no se vaya con la mujer a su casa, a otra residencia. 

En algunos casos, es una forma de vehiculizar un sentimiento intenso y profundo de culpabilidad. Nuestra sociedad, tan moderna ella, dice que tiene centros para cuidar como se merece a nuestros mayores. Pero la cultura, la tradición, nos tatuó que cuidar a los mayores en casa es lo que hay que hacer. Que los hijos deben cuidar a sus padres. En casa, claro.

En otros es un signo del carácter insatisfecho del hijo, hija, nieto, sobrino o vecina próxima.

Ojo, que no digo que muchas tengan una base real. En mi caso, trabajo en una institución muy grande, con muchos profesionales, con una gran variedad en el grado de profesionalidad, conocimientos, experiencia y amor propio. 

Si, tenemos mayores a los que no se les cambió correctamente el pañal. Alguno se ha caído. A otro le dimos sin querer con la pala de la silla en la pierna y le herimos. No siempre sabemos priorizar las necesidades de los residentes que comparten módulo.

Y si, hay profesionales que dejan mucho que desear, hay profesionales que son descuidados, que ni son buenos compañeros.

Pero, os prometo que no tantos como algunos familiares pueden dar a entender, con sus millones de quejas.

La mayoría estamos ahí, porque nos gusta nuestro trabajo, porque nuestros abuelos son parte de nuestro adn. La mayoría vigila la dieta, el aseo, la presencia y los estados de ánimo de cada uno de ellos. La mayoría se conoce a todos los familiares y sus vidas. Conocen hasta como miran cuando algo va mal, cuando la infección no ha dado ni fiebre, cuando el estado de ánimo de nuestro abuelito baja.

No somos perfectos, pero intentamos dar la mejor cara de nuestro trabajo.
Las generalizaciones no son buenas, no son verdad. Una media mentira, nunca es una media verdad.

domingo, 4 de octubre de 2015

DIMES Y DIRETES GERIÁTRICOS

Hace un par de días, concretamente el 1 de octubre, fue el día mundial de las Personas Mayores. Las redes sociales, los discursos, los organismos públicos y privados, se llenan de actividades, de actos, de buenas voluntades.
Sobrevolaron nuestras cabezas las grandes frases y las palabras redondas, de esas que llenan la boca de quien las pronuncia. Y, la verdad, algunas cansan.  Traídas por los pelos, generalizaciones, prejuicios, palabras cargadas de un equivocado buenrollismo. Hablo, por ejemplo, de la eterna confrontación entre cuidados familiares -en la casa- y cuidados institucionales. Como si fueran los dos lados de la misma moneda. Lo bueno y lo malo. El cielo y el infierno. 

Como si el cuidado en casa fuera lo mejor para TODOS los mayores- Como si TODAS las familias pudieran prestar "adecuadamente" estos cuidados. Como si TODAS las residencias puedan el final, el olvido, el compendio de los malos cuidados. El amor frente al abandono. Los cuidados frente al maltrato...

En mi residencia nos esforzamos por dar unos buenos cuidados, por hacer el trabajo con orgullo y profesionalidad. Es injusto para nosotros, para las familias y para los propios mayores, generalizar que las residencias son el último escalón, el fin. Porque así los mayores sienten su ingreso como un abandono y las familias cargan para siempre con el complejo de no haber sabido/podido/querido cuidar a sus seres queridos.

Dejemos a un lado que hay buenos y malos centros y buenos y malos profesionales. Como también pasaremos por alto la existencia de familias  buenas y malas, estupendas y maltratadoras, abuelos acompañados o abandonados en casas con barreras arquitectónicas, etc.

Para la mayoría -desde mi punto de vista-, lo mejor sería quedarse en su entorno habitual. Que éste esté adaptado y que se les presten los cuidados necesarios in situ. Tener a su disposición cuidados sanitarios profesionales, lavandería, limpieza, catering, educación, ocio, etc. Podrían vivir solos o con su familia. Pero con la máxima libertad y autonomía.

Y, cuando esta no fuera la opción más aconsejable, o el propio individuo lo eligiera, pasar a un nivel superior. Centros asistenciales donde recibir los cuidados que ya no pueden darse en el entorno habitual. Donde poder cuidar a mayores con patologías complicadas, por su sintomatología o por los cuidados a recibir.

Seamos justos. Exijamos unos cuidados satisfactorios en todas partes y por igual. Dotemos a los profesionales, las instituciones y las familias en la proporción, cantidad y especialización correspondiente. 

Y terminemos con las frases baratas y falsas.




lunes, 7 de septiembre de 2015

NOS VEMOS POR LOS BARES

A estas alturas, todas sabéis que me marcho del centro. Tras diecisiete años como fisioterapeuta de nuestra residencia, cierro una etapa importante de mi vida.

Acepto un nuevo reto. "Me paso al enemigo" jejeje. Me incorporo como jefa de área en la residencia Nuestra Señora De El Carmen. 

Ala, así sin anestesia. Dios les pille confesados.

A continuación vais a leer un montón de cursadas y palabras trilladas, pero reales y sentidas.

He compartido todos estos años con grandes profesionales. Sois buenas, que nadie os convenza de lo contrario. He aprendido de todas (permitir que hable en femenino por la inercia de una mayoría abrumadora, pero hablo para todas y todos). Desde los compañeros de servicios generales hasta los directores. Pasando por administración, recepción, mantenimiento, cocina, auxiliares de hostelería, auxiliares de enfermería, enfermeras, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, trabajadoras sociales, doctoras y jefes de área. Disculpar si me olvido de alguna, estáis todas incluidas.

He aprendido de todas, porque todas me habéis ofrecido vuestro saber hacer profesional y vuestra calidad humana. Hasta las alumnas me han dado un par de lecciones, desde aquellos alumnos de fisioterapia, pasando por las gerocultoras (¡Qué bien vendrían ahora!), hasta nuestras queridas alumnas de EIR y MIR.

De las de ahora y de tantas compañeras que han pasado por aquí. Me habéis enseñado lo que hay que hacer en cada puesto y el cómo. Me enseñasteis lo que es estar al pie del cañón. A superar dificultades y problemas personales. A dar el ciento uno por cien.

He descubierto que el servicio regional cuenta con un material humano que no se merece.

Algunas personas también me han enseñado "lo que NO hay que hacer", algo muy importante también. Pero bueno, eso me lo guardo.

No dejéis que os roben lo auténtico. Ya os digo, sois grandes profesionales. Sabéis dónde encontrarme. Os deseo lo mejor a todos los niveles. A todas, sin diferenciar puesto, turno, si estáis o estuvisteis.

Nos vemos por los bares... O más seguramente por las redes.

Os quiero.

lunes, 20 de julio de 2015

MIENTEME Y TE TRATARÉ MEJOR

Hace unos días tuvimos un ingreso en la residencia. Al ser una residencia de personas asistidas, este año estamos teniendo mucho movimiento. Pero hacemos lo que podemos.

Ingresó la mujer a primera hora de la tarde. Por eso y porque yo valoro unos días después del ingreso, para que sea más ajustada a la normalidad -no hay tanta urgencia como la medicación, la nutrición, la incontinencia, etc-, no había hecho todavía mi valoración de ingreso.

Sin embargo, al día siguiente, tanto algunos compañeros, como el propio esposo (sólo ingresó ella por deterioro cognitivo moderado-severo), acudieron a mí para que le facilitara un andador. Que si Julia -por ejemplo- no puede caminar sola, que si se va a caer, que si se lateraliza mucho, etc.

Subí, hablé con las auxiliares que habían compartido sus primeras horas y, tras ese escaso margen observaciones  comentaron que si que podría tener una marcha independiente, que se levantaba sola, que se volvía a acostar y tal. Bien, subimos un andador y, con nosotras, Julia parecía manejar bien el andador. Así que se lo dejamos unos días, para observar entre todos.

Para mi sorpresa, al día siguiente me entero que la mujer ha pasado a la Unidad de Atención Psiquiátrica. No sólo camina sin el andador, sino que sale disparada. Se mete en cualquier habitación, en el ascensor, baja plantas, se va hacia el jardín, etc. Que las compañeras de la tarde se han pasado media jornada buscándola por las esquinas.

Es un ejemplo. Julia camina con cierta lateralización, pero no tan necesitada como el marido nos había hecho pensar inicialmente, no necesita andador, ni un apoyo continuo de una persona que la sujete, ni tampoco que la sienten en una silla. Con su actitud, con sus palabras y sus indicaciones, nos solicitaba unas atenciones por encima de las que su esposa necesita ¿Motivo? Él lo sabrá.

Pero es demasiado frecuente el encontrarnos expedientes infra o sobrevalorados. Tras más de dieciocho años en geriatría, he visto informes de todo tipo. Incontinentes que según la familia no lo son. Autónomos para el aseo que ni cogen una esponja o no saben dónde tienen la cara. Gente que ingresa en silla de ruedas y ¡Oh, sorpresa! Camina y se larga a las primeras de cambio. Personas que de cabeza están estupendas, que se pasan la mañana angustiadas porque les han dicho que van al trabajo y aquello no es su estación ferroviaria de toda la vida. 

Una mezcla de vergüenza ante la discapacidad del ser querido (o familiar a secas), un miedo extremo a que nos la devuelvan por "buena" o por "mala", sobre el perfil real. Puede que "Ya que entra y lo pago" pues que le "hagan todo". Y no, no estamos para eso. Estamos para prestar los cuidados justos, potenciar las capacidades y dar la mayor comodidad posible. Cuidar pero no suplantar.

En las residencias -por lo menos en las públicas, no por nada, sino porque son las que conozco- no queremos "setas" (permítanme una palabra tan agresiva para describir el cuadro), por mucho que algunos lo piensen o lo busquen -que de todo hay, como en botica-. Tampoco queremos desentendernos de ellos. Queremos saber en qué punto están y qué podemos hacer para alargar sus potencialidades. 

Si, es verdad, no siempre lo conseguimos, no siempre sabemos. Y si, no siempre todos queremos. Pero, por favor, no nos mientan al ingresar. No ganamos nada y perdemos mucho. Sobretodo el interesado, nuestro residente.

Julia ha sido reubicada en los grupos de terapia ocupacional, de fisioterapia, de aseo, de planta, de comedor, etc. Porque no se nos facilitó una imagen lo más real posible de su situación. En algunos casos, esos cambios, desequilibran y no ayudan ni a la casa, ni al personal, ni la asistencia, ni al propio usuario.


viernes, 15 de mayo de 2015

"Las mujeres se pisan para progresar" Ese mito

Hace muchos años, una amiga me decía que prefería trabajar con hombres. Su razonamiento: que que las mujeres eran malas compañeras, que nos hacíamos la zancadilla, que nos pisábamos para "trepar".

Creo que le gano por goleada, en eso de trabajar con mujeres. Siempre me he desenvuelto en ambientes laborales mayoritariamente femeninos. Y no puedo estar más en desacuerdo.

Lo que yo he visto son equipos colaboradores. Y personas torcidas.

Nos han inculcado la desconfianza frente a otras mujeres. Que si no te fíes, que si no te va a facilitar ayuda, ni contactos, ni medios. Que todas tenemos un juego de puñales (seguramente comprado en "La tienda en casa").

Creo que ha sido más un bulo. O fruto de la mala educación recibida. Y, si pienso mal, una idea que busca el "divide y vencerás".

Pues no, señores. Quiero llevarles la contraría. Me muevo, potencio y estimulo la cooperación, la relación, el trabajo conjunto de las mujeres. 

Seguro que más de uno/a dirá "¿No estás discriminando a los hombres?". Pues no. No caigamos en esa trampa. Las mujeres, en el mundo, juegan con menos equitación, más solas y con más dificultades. ¿Cuántas mujeres tienen una empresa?¿Cuántas están en las juntas directivas?¿Cuántas son ministras o presidentas?

No es lógico. Somos la mitad de la población mundial -miles arriba o abajo-. Y casi no pintamos una mona. 

No hablo de promocionar a una mujer que no está preparada. Si no de potenciar a las que son buenas. A todas las mujeres que están preparadas. Facilitar el juego en completa igualdad. Que no sea "normal" hablar del estado civil, la familia y el modelito, si hablamos de una mujer. Y de éxitos profesionales, deportes y estudios, si es de un hombre.

Que no se pregunte a una mujer "Si le merece la pena renunciar a la familia, los hijos..." Y ni se lo planteen si es un hombre el entrevistado.

Porque sólo a través de la igualdad, los hombres también conseguirán derechos como el de la paternidad, el cuidado de los hijos. Y todo aquello que incumbe a hombres y mujeres por igual.



miércoles, 22 de abril de 2015

EL FISIOTERAPEUTA O LA RADIOGRAFÍA

Hoy leía en facebook, la rabia que sentía mi compañero Lorenzo por la actitud de un médico, ante una paciente que compartían. En resumen, la paciente primero fue a Lorenzo. Él hizo una evaluación, testó, descartó red flags, trató y mejoró a la paciente. Peeero el doctor prefirió desoir la buena evolución de la paciente y la instó a dejar el tratamiento hasta ver una radiografía. Resalto que no le dijo que al hacer nosequé maniobra saltaran todas las alarmas. No. Había que esperar a la todopoderosa radiografía.

Es una situación que se da con demasiada frecuencia. Todo fisioterapeuta que lleve unos pocos años en el ejercicio de su profesión -da igual que sea en un organismo público o en el privado- ha escuchado de sus pacientes historias parecidas. O ha visto como un tratamiento se quedaba colgado por el comentario alarmista de un médico.

Me gustaría aclarar, VOLVER a aclarar, que si que entre los fisioterapeutas hay cenutrios, aprovechados, brutos, ignorantes, etc. PERO, como sucede entre todas las profesiones sanitarias restantes y oficiales que conviven en el territorio español.

Y COMO EN TODAS LAS PROFESIONES SANITARIAS, también hay excelentes profesionales. También tenemos carrera universitaria, tenemos una responsabilidad profesional sobre nuestros actos -que no nos quita ningún médico que nos proteja-. Que valoramos antes de tratar, que exploramos, que hemos derivado cuando no sabíamos o teníamos dudas sobre poner la mano encima.

El desconocimiento profundo que llegan a manifestar algunos médicos es preocupante. Si no llega a rozar el más puro catetismo.  Si no sabes qué profesional de la fisioterapia va a tocar a tu paciente, si te preocupa, busca información, actualízate. Pero no denostes a todo un colectivo por extraños cuentos de miedo que rondan tu cabeza.

Es más fácil que no hagamos gran cosa por nuestros pacientes, antes que los fastidiemos y les destrocemos la vida. ¿Se puede decir lo mismo de todos los actos médicos? Pero aún así, nunca le digo a un paciente "No, no vaya al médico especialista, no sea que le vaya a envenenar con tanta pastilla. O le meta en quirófano sin medir las posibles consecuencias".

Tenemos que hacer un esfuerzo por dar a conocer lo que hacemos. Pero también hay que tener una mínima intención por conocer a los otros actores de la sanidad. Acercarnos con respeto y conocernos. A fin de cuentas, el tratamiento fisioterápico es otra arma a disposición del médico para tratar a su paciente. 

Me pregunto si no sería posible que, a lo largo de todos los años que dura la carrera de medicina -sin contar el MIR-, algún fisioterapeuta pudiera contar con una hora para hacer una presentación de la profesión. Destruir mitos y contar la realidad. 

Me he encontrado con alumnos de la ESO que saben más de mi profesión que algunos colegas sanitarios.



Todo por el bien de nuestros pacientes.



lunes, 30 de marzo de 2015

El ministro fisioterapeuta

Nada, nada, podéis volver a cerrar la boca. Que yo sepa, ninguno de nuestros ministros es fisioterapeuta. Ni entre los ministros, ni entre los secretarios generales, ni directores, ni gerentes, ni administradores, etc.

Somos y queremos tanto nuestra independencia que, a este paso, vamos a quedarnos solos en una isla. Vale, no tanto. Ha sido una pequeña licencia. 

Pero si que aspiramos a ser nuestros jefes (montando nuestras consultas), a recetar nuestras cositas (aquello que se determine que son nuestras cositas) y a que nadie nos diga qué tenemos que tratar y cómo (que no haya mediadores en la prestación de nuestros cuidados). Cosas así que están bien, no digo que no. Hombre por favor. Que no me parece mal, que no vengo aquí a hablar de estos libros.

Pero es que después lloramos. Yo la primera. Que si no cuentan con nosotros, que si no crean plazas, que si no salimos en las guías clínicas. O salimos sólo de refilón en las carteras de servicio más estupendas.

Nosotros, que nos queremos tanto, sabemos que valemos un potosí. Igual ayudamos en geriatría, que en las unidades de Ictus. Damos la talla luchando contra el linfedema y somos de los imprescindibles para ayudar a los niños con problemas. Sabemos que tenemos mucho que aportar en unidades de cuidados intensivos, en las distintas cirugías, en paliativos, en los cuidados domiciliarios y en mil sitios más.

Pero más allá de nosotros y cuatro más, todo ese potencial se diluye en el más absoluto desconocimiento. Casi nadie (pensar en toooooodo el mundo sanitario) sabe más allá de cuatro cosas. Eso ya lo hemos dicho un millón de veces.

Debemos tomar el toro por los cuernos. Entre tanto fisio debe existir un grupo que se "infiltre" en el organigrama político. Y que, al hacerlo, no pierda su esencia profesional.

Que nos ponga en los papeles y en las reivindicaciones. En los números y en los proyectos. Que nos abra la puerta desde dentro. Ya, el resto, nos encargaremos después de dar brillo a esa opción o "cagarla" como tantos otros grupos profesionales.

Tenemos que estar dentro, no sólo en el colegio profesional de turno. Sino también necesitamos hacernos presentes en los sindicatos, las fundaciones, las organizaciones, las instancias públicas, las direcciones de las empresas privadas, etc.

Hay que dar ese paso al frente. Estar en el verdadero origen, en el despacho donde se gestan las cosas. Ahí tiene que haber un fisioterapeuta.




domingo, 8 de febrero de 2015

Son cosas de la edad





Hace un rato, me contaba una amiga que su padre no es el mismo. Ahora corre que se las pela, sube cuestas, duerme menos, está más activo. Una joyita vamos. Y eso que va para mayorzote. Porque lo de rejuvenecer sólo pasa en algunas películas y obras de teatro.

¿Qué le ha pasado al padre de mi amiga? Pues que le han puesto un marcapasos. Y todo lo que era pensar " Ya voy viejo" era una automentira. Apoyada por el "ya vas mayor" y el "¿qué esperas? viene con los años".

Cada vez más cansado, cada vez más horas de siesta y más tardes de tele. Poco a poco se fue recortando él, justificandose. Cada noche daba la razón a los que decían que son cosas de la edad y que hay que resignarse.
...

Pues no. No señores. La vida de los mayores no es enfermedad. No es un montón de contínuos y bruscos recortes. Hay que escuchar al cuerpo y hacer las pruebas necesarias. No regateemos en la consulta, ni zanjemos nuestro trabajo con ellos. No perdamos la perspectiva. Tiene derecho a un buen diagnóstico y una buen tratamiento. 

Recordar: envejecer no es una enfermedad.

martes, 27 de enero de 2015

Con muletas y a lo loco

 Anoche, a las once de la noche, nos dieron el alta a la abuela. A una de las abuelas de la residencia. Tras ser intervenida por una fractura de cadera. Me pasé por la consulta del doctor, para empaparme de la información del informe de alta.

Os pongo en antecedentes. Tiene noventa y cuatro años, apenas camina y si lo hace es con andador o una persona (bueno vale, con el andador también necesita una persona que la supervise y obligarla a que lo use correctamente -no le gusta-), deterioro cognitivo moderado, Alzheimer, hipoacusia, dependiente para todas las ABVD, ya está operada de la otra cadera, insuficiencia cardíaca congestiva y fibrilación auricular.

Secundariamente tanto a la fractura, como a la intervención y el tipo de osteosíntesis, las recomendaciones al alta indican:

(Entre otros aspectos de cuidados y medicación)
Se permite levantar y sedestación, pero SIN APOYO de la extremidad intervenida. Si deambulación, con 2 muletas.

¿DE VERDAD? Ha estado casi diez días en el hospital y me dices que si camina, lo haga sin apoyar un pie y con dos muletas. Con Alzheimer, más de noventa años, camina poco y con ayuda y necesita asistencia para todas las ABVD. Acude desde de una residencia y vuelve a ella. 

Creo que es un poco... Bah, digamos extraño. Porque, la imagen global de la abuela, si te paras a ir más allá del tornillo-placa deslizante, ya te hace tirar las muletas y la marcha a la pata coja por la ventana.

Y no estoy hablando de las recomendaciones al alta de los cuidados de enfermería, que se ve que es un listado genérico, sin posibilidad de añadir o eliminar ítems. Hablo de la parte "creativa" del informe. En la que sólo los apartados están predeterminados por el programa de historia clínica del hospital de turno.

Así, no me extraña que las familias vengan con las muletas bajo el brazo, preguntando cuándo le vamos a poner de pie. Porque después está lo que entiende la familia, lo que ha dicho el doctor, lo que creen que ha dicho, lo que entienden de eso que creen que ha dicho...




lunes, 8 de diciembre de 2014

La medicina no funciona en casos de osteoporosis

Así, tal cual lo leéis. No sirve. ¿Qué pasa? ¿Miento? No, no creo. Trabajo en una residencia. y los que tenían osteoporosis hace diez años, siguen con osteoporosis -y los que no, es por que ya no están-. Y mira que toman cosas. Pero nada vale.

¿Cómo? ¿Que no puedo generalizar? ¿Que habría que determinar de qué medicamentos hablamos?¿De qué rango de descalcificación hablamos?¿De qué otros problemas tiene el paciente? ¿Que hay medicación que si funciona? ¿Que es útil? ¿Que frena no-se-qué?¿Que aumenta la absorción de no-se-cuantos?

Que no hombre, que no hay medicamento útil. Y si me apuras, el médico tampoco soluciona.

¿Alguno ya está poniendo el grito en el cielo? ¡Pues que se chinche!

Porque así me siento yo, cada vez que leo las mismas frases, pero aplicadas a la fisioterapia ¡Toma ya! Mi diplomatura, mis cursos, mis Masters  años de formación tirados al cubo de la basura. Mejor lo dejo y pongo una chocolatería.

A mí me gustaría saber, cuando dicen "la fisioterapia no es efectiva, no vale, no sirve..." ¿A qué fisioterapia nos referimos? ¿Qué beneficios buscamos? Hablamos de electroterapia, terapia manual, terapia en el agua, terapia neurológica ¿?

Es más, si hablamos de terapia manual, por poner un ejemplo ¿Qué no funciona? ¿El masaje?¿La movilización pasiva?¿La activa?¿Los ejercicios de propiocepción? ¿FNP? ¿Control postural? ¿Potenciación muscular?¿Las manipulaciones? Por poner un ejemplo.

Y si hemos llegado a ser tan concretos como para decir que los ejercicios de propiocepción no son efectivos, pregunto ¿No son efectivos para qué? ¿Para quién? Porque si vamos buscando que se suelde antes una fractura osteoporótica, yo también voto porque no vale.

Puede sencillamente que pase alguna de las siguientes circunstancias:

  • Realmente no vale nada de nada.
  • Que la técnica evaluada no sirva para esa patología, por ser obsoleta.
  • Que no esté indicada para ese perfil de usuario.
  • Que sirva para un objetivo que no coincide con el médico.
  • Que se indique fisioterapia, de manera adecuada, pero la técnica o el objetivo equivocado.
  • Que si nos leyéramos más allá del abstact de los artículos, averiguáramos que de lo que habla, no es de lo que buscamos o de lo que se hace en la actualidad,  o que no hay suficientes pacientes...

A los fisioterapeutas nos queda mucho por andar. Nos queda ser referentes para otros colectivos profesionales. Que puedan localizarnos y preguntarnos "¿Puedes hacer algo por mi paciente?". 



domingo, 9 de noviembre de 2014

Te vas a desgastar de tanto lavarte

A vueltas, últimamente, con las enfermedades que transmitimos, nos transmiten, se transmiten y múltiples tiempos verbales y personas, nunca debemos cansarnos de prevenir. De prevenir males mayores.

Un gran vehiculizador de los contagios, es el propio sanitario, que va y viene de un paciente a otro. Como todos tenemos ya claro, gracias a nuestro amigo el ébola, la seguridad 0 no existe en nuestro mundo.

Y los fisioterapeutas no somos ajenos a ese riesgo. No sólo por el ébola. A lo largo de la jornada, nos movemos de persona a persona, de paciente a paciente, de planta en planta. Subimos, bajamos, recibimos en la consulta.

Los pacientes se visten y desvisten, les tocamos, les enseñamos ejercicios respiratorios, manejamos curas, sondas, etc.

Nunca debemos olvidar que, por muy sanos que parezcan, la higiene es lo primero. Prevenir ser puente entre pacientes es vital, para disminuir las posibilidades de contagio.

Ya se que nos lavamos las manos doscientas o trescientas veces al día. Pero bueno es recordar que de un paciente a otro, las manos si importan.



sábado, 18 de octubre de 2014

La clase turista y sus cosas

Hace unos años, saltó a la palestra el viajero de clase turista. Sus ganas de viajar, de conocer culturas, otros olores y otros sabores. Pero no se puso en primera plana por ello. Saltó a los titulares por su síndrome. Ya ves, los de la clase turista o económica, tenemos nuestro propio síndrome. Ala ¡chincha! Que los de primera y business no tenéis, tomaaaa.
El síndrome de la clase turista se caracteriza por la formación de trombos. Principalmente asociado a los vuelos largos. Y debido a la variación en la presión barométrica, la escasa movilidad de los miembros inferiores, la falta de hidratación y el poco espacio del que cada pasajero dispone para poder moverse y cambiar la postura. Su gran complicación es el tromboembolism o pulmonar.
En su momento, y debido a algún caso, se le prestó mucha atención mediática. Hoy casi duerme en el olvido. Pero existe. Aunque no es exclusivo de este perfil de usuario. Realmente puede pasarle a todos aquellos que pasan muchas horas sentados (como las horas de los vuelos de largo recorrido), sin moverse ni hidratarse correctamente.
También ayuda el tener algunas patologías de base, de tipo cardiovascular.
Así que, amiguitos, el síndrome existe. Y podéis hacer algunas cosas para prevenirlo. Aunque ya nadie las cuenta. Cada dos horas hacer ejercicios con las piernas, mover los músculos de las pantorrillas, dar pequeños paseos por el avión y beber con regularidad.

Trombosis del viajero trombosis venosa profunda. Tromboembolismo pulmonar.
Escasa movilidad de MMII, deshidratación y falta de hidratación 
La baja presión barométrica
No llevar ropa apretada, hacer ejercicios cinco minutos cada dos horas

martes, 7 de octubre de 2014

De ébolas, vagos y maleantes

A estas alturas, ya nadie puede permanecer en la ignorancia. Una auxiliar de enfermería se contagió al cuidar a nuestro segundo repatriado con el virus del ébola.

Ahora, cualquier vecino de planta, en edad laboral -con o sin trabajo, que eso es siempre secundario-, puede asomarse a su habitación y gritarle con gran desprecio -es decir, con la naturalidad habitual- "Para eso te pago". Porque el salario de esa mujer sale directamente de cualquiera de las nóminas de los demás convecinos. Le paga tanto, que le puede exigir su vida

Porque claro, tengamos todos claro que lo sucedido era supermegacuasiimposible que sucediera. Peeero, está la otra parte: Por supermegacuasiimposible que sucediera, cuando sucede la posibilidad de ser mortal es muy elevada. 

Pero ya te digo, que para eso le paga.

Afortunadamente, tenemos un Ministerio de Sanidad que está a la última de la última. Vamos que sabe qué es, de lo bueno lo mejor. Así que seguramente, ya esté de camino al hospital un maestro Reiki, tercer o cuarto nivel - el máximo que exista, que no nos llamen agarrados-, para imponer sus manos y sentir la energía del bicho asqueroso y expulsarlo. Eso si, manteniendo las medidas higiénico-preventivas, puesto que no hace falta ni tocarle.

Peeeero, eso no es todo. Aprovechando que "mal no hace", que el susodicho maestro, se pase por la tienda homeopática más cercana, cuente los síntomas de la paciente. Y que le den un botecito monísimo, con la mayor dilución posible de agua que tocó un bicho ebolino (ya sabéis aquello de la memoria del agua ¡Ojito los que meáis en la playa! Algún día, el mar se vengará) y un par de gotitas  diarias durante... un año. Y Solucionado ¡Ole!

Y si esto no resulta, pues toca la cirugía. Pillamos un bisturí y le alargamos la línea de la vida. Que para algo la tenemos tan a mano. Seguro que a su marido le resulta tremendamente tranquilizador ver que se toman tantas medidas eficientes.

Porque claro, toda esa tontería de las mareas blancas, era para reclamar un salario de ministro. Qué de ministro, ¡De hijo de Jordi Pujol! Que os quede claro que sólo se pedía eso. Que lo de reducir personal, tener menos presupuesto, más presión para las altas y más privatizaciones, son detallitos que se gritaban para despistar. Ahora ya no hace falta que os contemos por qué.

Porque todo ese dinero, debe ir a manos que entienden de gestión. Bankia, Pujoles, Blesas, Barcenas, ... (uf, es que es más larga que la lista de los reyes godos). O de la iglesia, que siempre ha sabido administrar muy bien los bienes suyos y de todos sus compañeros (como decíamos de pequeñas).

Ahora perdonar los amigos, conocidos y desconocidos catalanes. Pero ahora si que tampoco entiendo el empecinamiento de dedicar dinero a una consulta sobre las ganas de independizados. Teniendo la sanidad como la tenéis. De verdad, no quiero quitados el gusto de opinar, dialogar, y todo. Pero vuestra sanidad, nuestra sanidad está hecha polvo. 

Pero no seamos así, que nosotros también tenemos lo nuestro. Espero que todos pongamos un poco más de interés, cuando nos expliquen las medidas de protección personal, cuando nos digan cómo actuar ante un incendio, etc. Un poquito de seriedad y de atención. Aunque sea poco, es la formación que nos puede salvar la vida.

Espero que nadie, en un curso para delegados sindicales en los comités de salud, me diga que no utiliza el guantelete para trabajar porque es supermegaincómodo (Ya no me respondió, cuando le pregunté si sabía lo incómodo que es trabajar con una mano protésica. Eso ya no, ya si eso responde otro día).

De todas maneras, seguro que a estas alturas, todos sabemos que la culpa es de la propia enferma. Única y exclusivamente. Que no se enteró de cómo se ponía la cinta aislante a los guantes.

Afortunadamente esto no volverá a suceder. Que para algo se está examinando media España, para las plazas convocadas en Madrid ¿Qué cómo lo se? Porque hacen unas preguntas que está dejando claro que buscan personal con muuuucha suerte (Y grandes conocimientos en el pinto, pinto, gorgorito), antes que personal estupendamente formado para su puesto de trabajo.  Todavía no se dan cuenta que lo importante es tener al mejor profesional, no a cualquier profesional.

Bueno, si no queremos los mejores profesionales, con las mejores instituciones y los mejores medios... Quizá sería mejor tratar la epidemia in situ. Dejarnos de marear la perdiz y echar una mano seria a los países que están siendo diezmados. Quizá el tener un caso en casa, nos ponga las pilas, para ayudar en la casa de los demás. Que claro, como estaba pasando donde nacen los indocumentados y tal, pues ya nos pensábamos con tranquilidad qué estupenda ayuda de miseria dar.