lunes, 7 de septiembre de 2015

NOS VEMOS POR LOS BARES

A estas alturas, todas sabéis que me marcho del centro. Tras diecisiete años como fisioterapeuta de nuestra residencia, cierro una etapa importante de mi vida.

Acepto un nuevo reto. "Me paso al enemigo" jejeje. Me incorporo como jefa de área en la residencia Nuestra Señora De El Carmen. 

Ala, así sin anestesia. Dios les pille confesados.

A continuación vais a leer un montón de cursadas y palabras trilladas, pero reales y sentidas.

He compartido todos estos años con grandes profesionales. Sois buenas, que nadie os convenza de lo contrario. He aprendido de todas (permitir que hable en femenino por la inercia de una mayoría abrumadora, pero hablo para todas y todos). Desde los compañeros de servicios generales hasta los directores. Pasando por administración, recepción, mantenimiento, cocina, auxiliares de hostelería, auxiliares de enfermería, enfermeras, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, trabajadoras sociales, doctoras y jefes de área. Disculpar si me olvido de alguna, estáis todas incluidas.

He aprendido de todas, porque todas me habéis ofrecido vuestro saber hacer profesional y vuestra calidad humana. Hasta las alumnas me han dado un par de lecciones, desde aquellos alumnos de fisioterapia, pasando por las gerocultoras (¡Qué bien vendrían ahora!), hasta nuestras queridas alumnas de EIR y MIR.

De las de ahora y de tantas compañeras que han pasado por aquí. Me habéis enseñado lo que hay que hacer en cada puesto y el cómo. Me enseñasteis lo que es estar al pie del cañón. A superar dificultades y problemas personales. A dar el ciento uno por cien.

He descubierto que el servicio regional cuenta con un material humano que no se merece.

Algunas personas también me han enseñado "lo que NO hay que hacer", algo muy importante también. Pero bueno, eso me lo guardo.

No dejéis que os roben lo auténtico. Ya os digo, sois grandes profesionales. Sabéis dónde encontrarme. Os deseo lo mejor a todos los niveles. A todas, sin diferenciar puesto, turno, si estáis o estuvisteis.

Nos vemos por los bares... O más seguramente por las redes.

Os quiero.

lunes, 20 de julio de 2015

MIENTEME Y TE TRATARÉ MEJOR

Hace unos días tuvimos un ingreso en la residencia. Al ser una residencia de personas asistidas, este año estamos teniendo mucho movimiento. Pero hacemos lo que podemos.

Ingresó la mujer a primera hora de la tarde. Por eso y porque yo valoro unos días después del ingreso, para que sea más ajustada a la normalidad -no hay tanta urgencia como la medicación, la nutrición, la incontinencia, etc-, no había hecho todavía mi valoración de ingreso.

Sin embargo, al día siguiente, tanto algunos compañeros, como el propio esposo (sólo ingresó ella por deterioro cognitivo moderado-severo), acudieron a mí para que le facilitara un andador. Que si Julia -por ejemplo- no puede caminar sola, que si se va a caer, que si se lateraliza mucho, etc.

Subí, hablé con las auxiliares que habían compartido sus primeras horas y, tras ese escaso margen observaciones  comentaron que si que podría tener una marcha independiente, que se levantaba sola, que se volvía a acostar y tal. Bien, subimos un andador y, con nosotras, Julia parecía manejar bien el andador. Así que se lo dejamos unos días, para observar entre todos.

Para mi sorpresa, al día siguiente me entero que la mujer ha pasado a la Unidad de Atención Psiquiátrica. No sólo camina sin el andador, sino que sale disparada. Se mete en cualquier habitación, en el ascensor, baja plantas, se va hacia el jardín, etc. Que las compañeras de la tarde se han pasado media jornada buscándola por las esquinas.

Es un ejemplo. Julia camina con cierta lateralización, pero no tan necesitada como el marido nos había hecho pensar inicialmente, no necesita andador, ni un apoyo continuo de una persona que la sujete, ni tampoco que la sienten en una silla. Con su actitud, con sus palabras y sus indicaciones, nos solicitaba unas atenciones por encima de las que su esposa necesita ¿Motivo? Él lo sabrá.

Pero es demasiado frecuente el encontrarnos expedientes infra o sobrevalorados. Tras más de dieciocho años en geriatría, he visto informes de todo tipo. Incontinentes que según la familia no lo son. Autónomos para el aseo que ni cogen una esponja o no saben dónde tienen la cara. Gente que ingresa en silla de ruedas y ¡Oh, sorpresa! Camina y se larga a las primeras de cambio. Personas que de cabeza están estupendas, que se pasan la mañana angustiadas porque les han dicho que van al trabajo y aquello no es su estación ferroviaria de toda la vida. 

Una mezcla de vergüenza ante la discapacidad del ser querido (o familiar a secas), un miedo extremo a que nos la devuelvan por "buena" o por "mala", sobre el perfil real. Puede que "Ya que entra y lo pago" pues que le "hagan todo". Y no, no estamos para eso. Estamos para prestar los cuidados justos, potenciar las capacidades y dar la mayor comodidad posible. Cuidar pero no suplantar.

En las residencias -por lo menos en las públicas, no por nada, sino porque son las que conozco- no queremos "setas" (permítanme una palabra tan agresiva para describir el cuadro), por mucho que algunos lo piensen o lo busquen -que de todo hay, como en botica-. Tampoco queremos desentendernos de ellos. Queremos saber en qué punto están y qué podemos hacer para alargar sus potencialidades. 

Si, es verdad, no siempre lo conseguimos, no siempre sabemos. Y si, no siempre todos queremos. Pero, por favor, no nos mientan al ingresar. No ganamos nada y perdemos mucho. Sobretodo el interesado, nuestro residente.

Julia ha sido reubicada en los grupos de terapia ocupacional, de fisioterapia, de aseo, de planta, de comedor, etc. Porque no se nos facilitó una imagen lo más real posible de su situación. En algunos casos, esos cambios, desequilibran y no ayudan ni a la casa, ni al personal, ni la asistencia, ni al propio usuario.


viernes, 15 de mayo de 2015

"Las mujeres se pisan para progresar" Ese mito

Hace muchos años, una amiga me decía que prefería trabajar con hombres. Su razonamiento: que que las mujeres eran malas compañeras, que nos hacíamos la zancadilla, que nos pisábamos para "trepar".

Creo que le gano por goleada, en eso de trabajar con mujeres. Siempre me he desenvuelto en ambientes laborales mayoritariamente femeninos. Y no puedo estar más en desacuerdo.

Lo que yo he visto son equipos colaboradores. Y personas torcidas.

Nos han inculcado la desconfianza frente a otras mujeres. Que si no te fíes, que si no te va a facilitar ayuda, ni contactos, ni medios. Que todas tenemos un juego de puñales (seguramente comprado en "La tienda en casa").

Creo que ha sido más un bulo. O fruto de la mala educación recibida. Y, si pienso mal, una idea que busca el "divide y vencerás".

Pues no, señores. Quiero llevarles la contraría. Me muevo, potencio y estimulo la cooperación, la relación, el trabajo conjunto de las mujeres. 

Seguro que más de uno/a dirá "¿No estás discriminando a los hombres?". Pues no. No caigamos en esa trampa. Las mujeres, en el mundo, juegan con menos equitación, más solas y con más dificultades. ¿Cuántas mujeres tienen una empresa?¿Cuántas están en las juntas directivas?¿Cuántas son ministras o presidentas?

No es lógico. Somos la mitad de la población mundial -miles arriba o abajo-. Y casi no pintamos una mona. 

No hablo de promocionar a una mujer que no está preparada. Si no de potenciar a las que son buenas. A todas las mujeres que están preparadas. Facilitar el juego en completa igualdad. Que no sea "normal" hablar del estado civil, la familia y el modelito, si hablamos de una mujer. Y de éxitos profesionales, deportes y estudios, si es de un hombre.

Que no se pregunte a una mujer "Si le merece la pena renunciar a la familia, los hijos..." Y ni se lo planteen si es un hombre el entrevistado.

Porque sólo a través de la igualdad, los hombres también conseguirán derechos como el de la paternidad, el cuidado de los hijos. Y todo aquello que incumbe a hombres y mujeres por igual.



miércoles, 22 de abril de 2015

EL FISIOTERAPEUTA O LA RADIOGRAFÍA

Hoy leía en facebook, la rabia que sentía mi compañero Lorenzo por la actitud de un médico, ante una paciente que compartían. En resumen, la paciente primero fue a Lorenzo. Él hizo una evaluación, testó, descartó red flags, trató y mejoró a la paciente. Peeero el doctor prefirió desoir la buena evolución de la paciente y la instó a dejar el tratamiento hasta ver una radiografía. Resalto que no le dijo que al hacer nosequé maniobra saltaran todas las alarmas. No. Había que esperar a la todopoderosa radiografía.

Es una situación que se da con demasiada frecuencia. Todo fisioterapeuta que lleve unos pocos años en el ejercicio de su profesión -da igual que sea en un organismo público o en el privado- ha escuchado de sus pacientes historias parecidas. O ha visto como un tratamiento se quedaba colgado por el comentario alarmista de un médico.

Me gustaría aclarar, VOLVER a aclarar, que si que entre los fisioterapeutas hay cenutrios, aprovechados, brutos, ignorantes, etc. PERO, como sucede entre todas las profesiones sanitarias restantes y oficiales que conviven en el territorio español.

Y COMO EN TODAS LAS PROFESIONES SANITARIAS, también hay excelentes profesionales. También tenemos carrera universitaria, tenemos una responsabilidad profesional sobre nuestros actos -que no nos quita ningún médico que nos proteja-. Que valoramos antes de tratar, que exploramos, que hemos derivado cuando no sabíamos o teníamos dudas sobre poner la mano encima.

El desconocimiento profundo que llegan a manifestar algunos médicos es preocupante. Si no llega a rozar el más puro catetismo.  Si no sabes qué profesional de la fisioterapia va a tocar a tu paciente, si te preocupa, busca información, actualízate. Pero no denostes a todo un colectivo por extraños cuentos de miedo que rondan tu cabeza.

Es más fácil que no hagamos gran cosa por nuestros pacientes, antes que los fastidiemos y les destrocemos la vida. ¿Se puede decir lo mismo de todos los actos médicos? Pero aún así, nunca le digo a un paciente "No, no vaya al médico especialista, no sea que le vaya a envenenar con tanta pastilla. O le meta en quirófano sin medir las posibles consecuencias".

Tenemos que hacer un esfuerzo por dar a conocer lo que hacemos. Pero también hay que tener una mínima intención por conocer a los otros actores de la sanidad. Acercarnos con respeto y conocernos. A fin de cuentas, el tratamiento fisioterápico es otra arma a disposición del médico para tratar a su paciente. 

Me pregunto si no sería posible que, a lo largo de todos los años que dura la carrera de medicina -sin contar el MIR-, algún fisioterapeuta pudiera contar con una hora para hacer una presentación de la profesión. Destruir mitos y contar la realidad. 

Me he encontrado con alumnos de la ESO que saben más de mi profesión que algunos colegas sanitarios.



Todo por el bien de nuestros pacientes.



lunes, 30 de marzo de 2015

El ministro fisioterapeuta

Nada, nada, podéis volver a cerrar la boca. Que yo sepa, ninguno de nuestros ministros es fisioterapeuta. Ni entre los ministros, ni entre los secretarios generales, ni directores, ni gerentes, ni administradores, etc.

Somos y queremos tanto nuestra independencia que, a este paso, vamos a quedarnos solos en una isla. Vale, no tanto. Ha sido una pequeña licencia. 

Pero si que aspiramos a ser nuestros jefes (montando nuestras consultas), a recetar nuestras cositas (aquello que se determine que son nuestras cositas) y a que nadie nos diga qué tenemos que tratar y cómo (que no haya mediadores en la prestación de nuestros cuidados). Cosas así que están bien, no digo que no. Hombre por favor. Que no me parece mal, que no vengo aquí a hablar de estos libros.

Pero es que después lloramos. Yo la primera. Que si no cuentan con nosotros, que si no crean plazas, que si no salimos en las guías clínicas. O salimos sólo de refilón en las carteras de servicio más estupendas.

Nosotros, que nos queremos tanto, sabemos que valemos un potosí. Igual ayudamos en geriatría, que en las unidades de Ictus. Damos la talla luchando contra el linfedema y somos de los imprescindibles para ayudar a los niños con problemas. Sabemos que tenemos mucho que aportar en unidades de cuidados intensivos, en las distintas cirugías, en paliativos, en los cuidados domiciliarios y en mil sitios más.

Pero más allá de nosotros y cuatro más, todo ese potencial se diluye en el más absoluto desconocimiento. Casi nadie (pensar en toooooodo el mundo sanitario) sabe más allá de cuatro cosas. Eso ya lo hemos dicho un millón de veces.

Debemos tomar el toro por los cuernos. Entre tanto fisio debe existir un grupo que se "infiltre" en el organigrama político. Y que, al hacerlo, no pierda su esencia profesional.

Que nos ponga en los papeles y en las reivindicaciones. En los números y en los proyectos. Que nos abra la puerta desde dentro. Ya, el resto, nos encargaremos después de dar brillo a esa opción o "cagarla" como tantos otros grupos profesionales.

Tenemos que estar dentro, no sólo en el colegio profesional de turno. Sino también necesitamos hacernos presentes en los sindicatos, las fundaciones, las organizaciones, las instancias públicas, las direcciones de las empresas privadas, etc.

Hay que dar ese paso al frente. Estar en el verdadero origen, en el despacho donde se gestan las cosas. Ahí tiene que haber un fisioterapeuta.




domingo, 8 de febrero de 2015

Son cosas de la edad





Hace un rato, me contaba una amiga que su padre no es el mismo. Ahora corre que se las pela, sube cuestas, duerme menos, está más activo. Una joyita vamos. Y eso que va para mayorzote. Porque lo de rejuvenecer sólo pasa en algunas películas y obras de teatro.

¿Qué le ha pasado al padre de mi amiga? Pues que le han puesto un marcapasos. Y todo lo que era pensar " Ya voy viejo" era una automentira. Apoyada por el "ya vas mayor" y el "¿qué esperas? viene con los años".

Cada vez más cansado, cada vez más horas de siesta y más tardes de tele. Poco a poco se fue recortando él, justificandose. Cada noche daba la razón a los que decían que son cosas de la edad y que hay que resignarse.
...

Pues no. No señores. La vida de los mayores no es enfermedad. No es un montón de contínuos y bruscos recortes. Hay que escuchar al cuerpo y hacer las pruebas necesarias. No regateemos en la consulta, ni zanjemos nuestro trabajo con ellos. No perdamos la perspectiva. Tiene derecho a un buen diagnóstico y una buen tratamiento. 

Recordar: envejecer no es una enfermedad.