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martes, 19 de marzo de 2013

MI MADRE NO VA A FISIOTERAPIA


Hace un par de días, me llamó por teléfono la hija de una residente. Con un punto de mosqueo, y yo creo que tirando a matar, me espetó:


- Mi madre no va a fisioterapia ¿verdad?
- Puede - empecé algo perpleja- ¿Quién es su madre? -Se les olvida que aquí tenemos más de cien "madres" potenciales, y que por teléfono el parecido físico es bastante difícil de sacar-.
- Marcela Troyano.
- Pues Marcela si que viene. Y, si no recuerdo mal, dos días a la semana.
- Pues me extraña, porque no colaborará y no estaba en su lista semanal - casi sonó con un triunfal "¡Te pillé!-, que vi cuando pasé por allí.
- ¿Lista semanal? Yo no tengo lista semanal - ¿De dónde se habría sacado tal cosa?-. Y colaborar, colabora poco, si por...
- Claro que colabora poco, porque el otro día fui por la mañana y estaba totalmente drogada.
- ¿Qué?¿Drogada? - sonaba a una residencia oscura e ilegal, llena de abuelos yonkis-.
- Si, si. Normalmente voy por la tarde. Pero el sábado no podía ir por la tarde y fui por la mañana. Mi madre estaba totalmente drogada. Yo le preguntaba si tenía sueño y respondía como que era otra cosa.
- El tema de la medicación lo lleva el médico -como en toda residencia que se precie de ser legal-, pero le digo que hay muchas causas para que una residente esté somnolienta por la mañana. Un ejemplo, las infecciones de orina... Pero ya le digo, es la primera noticia que tengo. Aquí acude con normalidad. La traemos, y claro, seguir órdenes como que no. Dado su avanzado deterioro cognitivo. Sin embargo, por imitación si que conseguimos que participe en los ejercicios.
- ¿Ah, si?
- Si. Y, que yo recuerde, nunca ha estado en el estado que usted refiere. Habla menos, eso si. También parece que ha perdido audición últimamente.
-...
-...

La conversación se prolongó más del tiempo que yo hubiera deseado. Pues hay temas que no soy quién para tratar y menos por teléfono. Lo que me llama la atención es la presunción de la ausencia de cuidados. De mal cuidado, si radicalizamos un poquito el discurso.

Los pacientes con deterioro cognitivo, tipo Alzheimer o cualquier otro (que hay más mundo dentro del deterioro cognitivo), puede que no comprendan órdenes sencillas, puede que no te hablen, que parezca difícil establecer una comunicación fluida. Más, si está ya en un estadío avanzado. Pero de ahí a que no hagan terapia, activa o asistida, media un mundo y medio.

El profesional que se marca unos objetivos con un paciente de este tipo, emplea todas las técnicas y las herramientas que conoce -ortodoxas y no tanto- y que tiene a su alcance. Pelotas, paralelas, picas, repetición, imitación, canciones, etc. Con el único objetivo de llevar a buen puerto una sesión de fisioterapia.

Lo que no podemos pretender es que si va a fisioterapia, esta consiga hacer retroceder el inexorable avance de la enfermedad. Lo que si conseguimos es mantener más tiempo las capacidades y la funcionalidad. Mantener, y en algunos casos, recuperarla. Pero a nivel de funcionalidad, de autonomía, pues el deterioro a nivel de SNC está ahí.

Invito a preguntar, a cualquier familiar que quiera saber y aprender, al fisioterapeuta que lleva el tratamiento de su familiar. Pregúntele qué ejercicios o actividades pueden hacer en los horarios de visita. Porque muchas veces, el problema es también sentirse inútiles ante la enfermedad de un ser querido. Y saber que lo que haces tiene un sentido es muy importante. 

lunes, 18 de febrero de 2013

PIENSA LO QUE DICES Y CÓMO LO DICES

Algunas veces... Bueno, mejor dicho, siempre debemos meditar las palabras que empleamos para comunicarnos. Cómo intentamos transmitir un mensaje. Y más si es información del médico, o de cualquier profesional sanitario, a nuestros pacientes y sus familias.

Me he encontrado con pacientes con una gran osteoporosis que se negaron a cualquier tipo de ejercicio, porque se les había dicho que no podían hacer nada, porque iban a romperse. Así que, cualquier intento por mi parte para mejorar el estado general resultó imposible de aplicar. Mi tratamiento había sido incluido en todo lo prohibido. Por más que yo explicaba la importancia de determinado programa de ejercicio que mejorara su estado osteomuscular. No es NO. Y punto.

Ahora me encuentro con una paciente con Alzheimer, que lleva en su casa casi todo el proceso de la enfermedad. Juana fue a un centro de día, hasta que se terminó ese programa anual. Ya no volvió. En una revisión con su neurólogo, este le dijo a la familia que "era muy importante que Juana mantuviera las rutinas. Cualquier cambio le vendría fatal". Porque se desestabilizan, se pierden, se alteran.

Vale, es cierto... en parte. Quiero creer que se refería a evitar, para darle los cuidados adecuados, Juana fuera peregrinando de casa de hijo en casa de hijo. Completamente de acuerdo. Peeeeeeeero, los hijos lo llevaron un punto más allá.

Si Juana no quería ir al centro de día, pues no iba y punto. Su rutina era estar en casa con la interna que le cuida y punto. Así se privó a Juana de cualquier programa de rehabilitación cognitiva y física. El resultado es un proceso de deterioro mucho más acelerado. Juana todavía cumple criterios de inclusión en un programa de centro de día. Pero no entra dentro de los planes familiares.

Además, al no estar dentro de un programa, de un centro, tampoco se benefician de consejos para la vida diaria. Ayudas técnicas, adaptaciones del hogar y la ropa, etc.

Ahora, intentaré recuperar un poco del tiempo perdido.



viernes, 14 de diciembre de 2012

JESUSITO DE MI VIDA


- "Jesusito de mi vida, eres niño como yo. Por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo. Tómalo. Tómalo. Tómalo. Tuyo es y mío no -Aurora coge aire-. Los amantes de Teruel... Tonta ella y tonto él. Jesusito de mi vida, eres niño como..."


¿Os imagináis pasar revisión traumatológica, en el hospital, a una mujer que presenta esta verborrea constante? Y si digo constante, es constante. Salvo si duerme. Ah, y le podéis añadir una fuerte hipoacusia que hace que las preguntas tengan respuestas, como poco, sorpresivas.

Así no hay quien valore la evolución de una intervención de cadera, más allá de la radiografía y el visionado de la cicatriz. Porque, ya lo imagináis, Aurora también tiene un deterioro cognitivo tipo Alzheimer. Todo junto es un cóctel molotov, que dinamita cualquier exploración por una persona ajena a ella.

Si, porque el que la conoce, sabe que presenta cambios en sus frases verborréicas, cuando la incorporas cuatro veces y le haces cargar sobre la pierna operada. Sabes que el gesto facial le cambia. Que te coge las manos y te las besa, para que no la levantes. 

Entonces, no te vale que venga de la revisión con un "dice el médico que la fractura está bien. Que no entiende por qué no está caminando".

Aurora es más que una cadera rota y operada. Es más que una paciente con Alzheimer. Es todo eso y más. La comunicación interprofesional ayudaría. Aurora logra participar en su tratamiento -algo vital-, pero nos bloqueamos en la puesta en carga. No es que no quiera porque no quiere, es que le pasa algo. Y El tratamiento del traumatismo, pero a nivel de tejidos blandos, está solucionando el problema.

Así que la próxima vez que miremos un anciano, a través de su radiografía, recordemos que esos huesos tienen otros tejidos a su alrededor, que también se golpearon, que también se operaron, y que también saben doler muy bien. 

Y más allá todavía. Esa cadera se llama Aurora y tampoco baila.

sábado, 9 de abril de 2011

¡NO ME DA LA GANA!

Algunas veces, los sanitarios perdemos la perspectiva. Vamos a lo concreto, a lo que nos afecta. Al tema. Ese que conocemos, sabemos, tratamos, no se nos escapa ni un detalle. Puede que hasta seamos los más listos en nuestro campo.
No es raro escuchar una conversación y hablar de que tenemos una prótesis de cadera, un linfedema, un Alzheimer, un par de cataratas a operar. Y lo comparto, acortamos frases, vamos rápido. Se da por sentado que todo eso está en una persona, en un enfermo, usuario, cliente, residente o como queramos llamarlo.
Algunas veces, los ajenos al mundillo, nos lo recriminan. Que si es una forma de despersonalizar, que si sólo vemos huesos, cerebros, tripas o músculos. Y, algunas veces tienen razón.
Y esa visión llega a afectar a nuestras decisiones, a nuestros comentarios. Incluso puede afectar al trabajo de otro colega, de otro sanitario.
"¡No me da la gana!" Eso es lo que me suelta muchos días un abuelo de mi residencia  -me cuesta llamarlo residente o usuario, los veo todos los días, varias veces y durante años-. Este abuelo en cuestión, pongamos Tomás, ha sido diagnosticado de demencia senil. Un estadío avanzado. Pero, además, presenta secuelas motoras de otras patologías, que han provocado un deterioro físico importante. La mezcla hace que me esté costando una barbaridad conseguir una marcha independiente. Y conseguir que su mujer vaya asumiendo las limitaciones que la enfermedad va poniendo en el camino de su esposo. Principalmente para que no se me maten por algún pasillo y para que le preste la mejor ayuda que le pueda dar.
Y, una doctora, en una revisión de sus resonancias, le dice que no sabe por qué no anda porque "allí se ve que todo está estable y tiene las piernas fuertes". Lo dice la que no consiguió que se pusiera de pie. Y no se le ocurre otra cosa que es porque no hace suficiente fisioterapia.
Me dolió. Si. Me esfuerzo cada día. Lo hago lo mejor que se. Y ella sólo vio las pruebas radiodiagnósticas. ¿Dónde se ven los trastornos de conducta?¿Dónde se ven sus jornadas de ansiedad, de cabreo, de aislamiento? 
Sólo tenía que dar un paso hacia atrás. Ver a Tomás en su totalidad. Recordar la totalidad de las posibles caras que muestra una demencia senil. Ahora, para su mujer, que se aferra a un clavo ardiendo, el problema es que yo no soy eficaz. Si yo me esforzará más, cuando se cabrea, me levanta la mano y me dice "¡No me da la gana!", el estaría correteando por la residencia de su brazo.
Seamos equipo y demos un pasito atrás, veamos el conjunto. Sólo así, todos nuestros amplios conocimientos podrán ser tan efectivos como puedan ser.