domingo, 3 de julio de 2011

VEINTE AÑOS Y UN DIA

De casualidad, el viernes 1 de Julio, entre paciente y paciente, me di cuenta del aniversario. E iba a pasar sin pena ni gloria. 
Un día cómo ese, en 1991, pasé mi primer día de trabajo en el Hospital 12 de Octubre. Y parece que fue ayer ¡Dios mío! Y es que así lo recuerdo. 
Los compañeros y los pacientes. El local, mi taquilla y el miedo a meter la pata. Porque lo que hacía sin problemas una semana antes -siempre había un fisio de los de verdad respaldándome-, se volvió un mundo de responsabilidad profesional. Miraba por encima del hombro y sabía que ya no había nadie. Sólo servidora y sus insuficientes conocimientos.

Recuerdo al chico que tenía un halo cervical -con su petito blanco y sus cuatro antenas que fijaban la corona a su cabeza-, los dos brazos escayolados y un fijador externo en una de sus piernas... Y más largo que un día sin pan. Recuerdo hacerle caminar con un andador de apoyo axilar ¿Os imaginais la estampa? Y recuerdo el sonrojo con el que lo hice, porque se puso a cantar a voces la canción de los Fraggle.
Eso si, al día siguiente yo le hacía los coros. Que la vergüenza y el corte no sirven para arreglar gente.

Ya pasaron los primeros veinte años. Sigo cantando y bailando con mis pacientes. Sigo recordando música de los ochenta y echando unas risas con todos mis pacientes. Sigo teniendo la misma visión de mi profesión. Sigo pensando que apenas tengo conocimientos, por muchos postgrados hechos y muchos libros leidos.

Y me alegra, echar la vista atrás y ver tanta gente a la que he ayudado, alguna que no tanto (estos no me alegran, los asumo). Tengo entre ellos sagas familiares completas. Tengo un montón de buenos recuerdos. Tengo lo que no imaginé que tendría: veinte años y un día de experiencia como fisioterapeuta de a pie de calle, de familia, de barrio.

Creo que me merezco un cambio, me debo un cambio. O se lo debo a ellos. Igual de próximo e interesante. Pero necesario.

No se si esto es un tango o una canción infantil. O ambas cosas.

miércoles, 15 de junio de 2011

JUNTARSE Y HABLAR

II Congreso de la blogosfera sanitaria
No sólo de sesudos congresos vive el sanitario. De esos que no puedes parpadear para empaparte del conocimiento profundo de técnicas, patologías y demás.
Poco a poco van surgiendo congresos de gente inquieta. No sólo fisioterapeutas, o médicos, o ingenieros, o pacientes. No. Todavía mejor. Todos juntos y revueltos.
Porque lo que une es un tema que a todos nos afecta, a todos nos interesa.
Las nuevas tecnologías, cómo hacerlas nuestras -de todos-, como utilizarlas en el beneficio de todos. Sin faltar ninguno. Incluso en beneficio de los que nos miran con ironía, perplejidad e incluso incredulidad.
Si, las nuevas tecnologías están aquí para quedarse. Y nos brindan nuevas experiencias y posibilidades.
En nuestras manos está que sepamos aprovecharnos y, entre todos, mejorarlas.
Nos vemos por la Blogosfera.

miércoles, 1 de junio de 2011

UNA ENFERMEDAD LLAMADA CUMPLIR AÑOS

Hace más de una docena de años que trabajo en una residencia de mayores. Y siempre recordaré una anécdota con la que me topé, preparando una charla.
Un doctor pasaba consulta, cuando se encontró frente a un paciente mayor.
- Mire doctor -le refirió el hombre-, hace unos días que esta rodilla me duele cuando camino - y acompañó sus palabras con unos toques en la rodilla derecha-.
El doctor con una sonrisa le miró y preguntó:
- ¿Cuántos años tiene usted?.
- 102 años.
- Bueno, a su edad es normal ¿Qué podemos esperar?
- Pues esta rodilla - y se dio un golpecito en la izquierda-, también tiene 102 años y no me duele.

Y es verdad que muchos veces, respondemos de manera condescendiente a los mayores, para explicar sus problemas de salud.
Y  también es verdad que corremos el riesgo de justificar todos los problemas  que presenta, con la socorrida solución de que todo es por la edad. Y todos sabemos que eso no siempre es cierto.
Como no es bueno, dar esa frustrante respuesta.

viernes, 6 de mayo de 2011

ESPAÑOLES Y PREVENCION ¿PAREJA MAL AVENIDA?

Hace unos años, visitando la consulta de una dentista -con vistas a una colaboración-, mientras charlábamos nos comparó con los norteamericanos. La mujer se quejaba de la poca prevención que se hacía en España. De lo poco que acudían a su consulta para este tipo de asistencia. Desde su punto de vista, con la sabiduría que da la experiencia supongo, nos metía el dedo en el ojo.
Que si no íbamos a revisiones, que si no recolocábamos nuestros descarriados dientes, que si no atendíamos a la blancura estética de nuestra sonrisa, que si sólo acudíamos con boquetes molares, etc. Justo lo contrario de los que hacía el amigo americano.
La colega sanitaria, en este punto, tenía más razón que un santo.
El españolito de a pie, es reacio a ir "pa'ná" a revisión. Revisión de lo que sea. Total "Si está bien".
Y, yendo un poco más allá, los programas de prevención tienen que lidiar también con profesionales e instituciones. Cuesta implicar a todos los colegas. Cuesta que los colegas acepten a uno nuevo en el grupo. Cuesta escuchar a los demás. Cuesta no ver la situación como que nos roban cuota de poder. Cuesta dejar en las consultas los egos profesionales y asistir abiertos a la colaboración a la sala de reuniones. Cuesta conseguir financiación. Cuesta conseguir una coordinación fluida y dinámica. Pero no por costar se deja de intentar. No por ello los colectivos insistimos en su importancia ahora.
Para ahorrar "después" hay que invertir en el "antes".
Pero lo que más cuesta es invertir en tiempo para nosotros. Como diana de esa prevención. Cómo no va a ser así, si hasta nos cuesta ir a consulta cuando si nos pasa algo. Y empiezo señalándome a mi.

jueves, 28 de abril de 2011

LA IMPORTANCIA DE SER PEON DEL REY

Una residencia puede vivir perfectamente sin médico de plantilla. Sin enfermeras, sin podólogo, sin terapeuta ocupacional y, como no, sin fisioterapeuta.
A todas luces, que falten profesionales con uno, dos o varios de estos perfiles, hacen que un centro de este tipo sea menos eficaz.
Pero lo que está claro es que no puede existir una residencia sin el personal de atención directa. Y prefiero auxiliares de enfermería a gerocultoras. Creo que la gerocultora es una creación para disminuir el grueso de la nómina.
Me parecen vitales, con un puesto de responsabilidad, con gran influencia en todos los aspectos de la vida del usuario. ¿Por qué algunas se empeñan en considerarse y actuar como meras "lavaculos"? Dicho por más de una.
Tienen una responsabilidad vital, tienen una historia clínica que llevar, tienen un trabajo diario, tienen un margen de decisión propio. Tienen un desarrollo propio de la actividad.
Quién mejor que ellas, para decirte si el anciano empieza a tener sutiles cambios. Quién te puede mantener las habilidades para las actividades de la vida diaria, la independencia que tenga el usuario. Nadie mejor para valorar la respuesta a un tratamiento.
La persona que puede conseguir, con su apoyo, que el trabajo de recuperación tras una fractura, una intervención, un ictus, una caída, se vea reducido drásticamente.
No es cuestión de quién tiene el título universitario más gordo o con la lista más larga de masters o postgrados. Es cuestión de profesionalidad, de responsabilidad, de respeto por el propio trabajo. De creer en ti mismo y en tu labor.
No puedo hacer que un colectivo se sienta importante en la institución, si ese mismo colectivo no se lo cree. Hay que empezar por ahí. Después eso repercutirá en cómo les ven los demás colectivos, los mandos superiores y el público.


sábado, 9 de abril de 2011

¡NO ME DA LA GANA!

Algunas veces, los sanitarios perdemos la perspectiva. Vamos a lo concreto, a lo que nos afecta. Al tema. Ese que conocemos, sabemos, tratamos, no se nos escapa ni un detalle. Puede que hasta seamos los más listos en nuestro campo.
No es raro escuchar una conversación y hablar de que tenemos una prótesis de cadera, un linfedema, un Alzheimer, un par de cataratas a operar. Y lo comparto, acortamos frases, vamos rápido. Se da por sentado que todo eso está en una persona, en un enfermo, usuario, cliente, residente o como queramos llamarlo.
Algunas veces, los ajenos al mundillo, nos lo recriminan. Que si es una forma de despersonalizar, que si sólo vemos huesos, cerebros, tripas o músculos. Y, algunas veces tienen razón.
Y esa visión llega a afectar a nuestras decisiones, a nuestros comentarios. Incluso puede afectar al trabajo de otro colega, de otro sanitario.
"¡No me da la gana!" Eso es lo que me suelta muchos días un abuelo de mi residencia  -me cuesta llamarlo residente o usuario, los veo todos los días, varias veces y durante años-. Este abuelo en cuestión, pongamos Tomás, ha sido diagnosticado de demencia senil. Un estadío avanzado. Pero, además, presenta secuelas motoras de otras patologías, que han provocado un deterioro físico importante. La mezcla hace que me esté costando una barbaridad conseguir una marcha independiente. Y conseguir que su mujer vaya asumiendo las limitaciones que la enfermedad va poniendo en el camino de su esposo. Principalmente para que no se me maten por algún pasillo y para que le preste la mejor ayuda que le pueda dar.
Y, una doctora, en una revisión de sus resonancias, le dice que no sabe por qué no anda porque "allí se ve que todo está estable y tiene las piernas fuertes". Lo dice la que no consiguió que se pusiera de pie. Y no se le ocurre otra cosa que es porque no hace suficiente fisioterapia.
Me dolió. Si. Me esfuerzo cada día. Lo hago lo mejor que se. Y ella sólo vio las pruebas radiodiagnósticas. ¿Dónde se ven los trastornos de conducta?¿Dónde se ven sus jornadas de ansiedad, de cabreo, de aislamiento? 
Sólo tenía que dar un paso hacia atrás. Ver a Tomás en su totalidad. Recordar la totalidad de las posibles caras que muestra una demencia senil. Ahora, para su mujer, que se aferra a un clavo ardiendo, el problema es que yo no soy eficaz. Si yo me esforzará más, cuando se cabrea, me levanta la mano y me dice "¡No me da la gana!", el estaría correteando por la residencia de su brazo.
Seamos equipo y demos un pasito atrás, veamos el conjunto. Sólo así, todos nuestros amplios conocimientos podrán ser tan efectivos como puedan ser.