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domingo, 9 de agosto de 2020

EL COVID NO ES SÓLO UN VIRUS, ES UN CAMBIO

(Artículo que escribí en mayo para la revista BALANCE SOCIOSANITARIO).


Trabajo en una residencia de mayores de la Comunidad de Madrid. Y todos sabemos lo que a día de hoy significa.

Los datos oficiales a 28 de abril de 2020, nos indican que más del 80 % de los fallecidos tenían más de setenta años, de un total de 76.525 casos confirmados contabilizados (fuentes del Ministerio de Sanidad). Ni que decir tiene que muchos pertenecían a nuestro ámbito residencial.


Pero en esto, como en tantas otras cosas, España realmente no es diferente. Leo con preocupación que nuestros compañeros europeos padecen una situación similar. Con una población frágil, pluripatológica y dependiente - o muy dependiente-, la enfermedad se ha cebado también en sus residentes. Aquí, en Bélgica, Francia, Alemania, Reino Unido, etc. Es más, percibo que en todos estos países hemos sido los sectores más afectados y menos tenidos en cuenta. En muchos de ellos, incluso los fallecidos entre sus paredes ni se contabilizaban. Sufren los mismos problemas de abastecimiento de equipos de protección y de pruebas. Y su personal se ha visto afectado en un número siempre demasiado alto.


¿Todo por que trabajamos mal?¿Por que somos de segunda?¿Por que no sabemos gestionar? O algo peor ¿Por que les dejamos morir?


De eso nada.


Siento esa doble vara de medir que se nos aplica. La injusticia de sentir la desconfianza en el ojo ajeno que nos mira con suspicacia.

No, no les dejamos morir, porque en la televisión salgan féretros. O porque no se curan. Porque se curan. Si, aquí también se curan. Pero aquí no les hacemos el pasillo al salir, porque no salen. Al curarse, aquí se quedan con nosotros. Les acompañamos a su habitación con la felicidad de recuperar a "uno de los nuestros".


Tampoco es que no sepamos gestionar, como instituciones, como mandos. Desde el primer momento trabajamos adoptando y adaptando continuamente, las medidas y los protocolos que se nos indicaban. Según la evolución de la situación y de la realidad de nuestro país en cada momento.

Hemos trabajado lo mejor que hemos podido y sabido. Con los medios de los que disponíamos y que podíamos conseguir, buscando hasta debajo de las piedras.

Y no somos de segunda. Los profesionales de las residencias trabajan como el que más. Con la formación que se les exige y con un grado de entrega que debe ser valorado y tenido en cuenta. Y hablo de todos, sin diferenciar formación, turno o color del pijama.


Cuando todo esto acabe, y no antes, nos sentaremos y miraremos hacia atrás. Veremos en qué hemos fallado, en qué podíamos haber sido mejores. Evaluaremos y, espero, aprenderemos de ello. Y necesitaremos tiempo para asumirlo e integrarlo. Para recuperarnos. Porque este virus nos ha trastocado hasta lo más profundo. De una manera que todavía no somos capaces de valorar en toda su dimensión.


Hemos visto como la epidemia entraba en nuestros centros. Cómo se llevaba por delante la vida y sus detalles. Su rutina, su bendita rutina.

Se llevó los desayunos en el comedor, el ejercicio en grupo de fisioterapia, los talleres de terapia ocupacional. Desaparecieron las tardes de charla al sol, las visitas familiares, los cumpleaños en el bar. Nos vació los jardines, los salones y la peluquería. Ya no hay bingo, ni cine por las tardes. Ni vienen los voluntarios con sus camisetas azules y sus ganas de colaborar.

Desgraciadamente también se llevó la alegría, la paz, la risa. Se llevó el ánimo de los trabajadores y la risa de los ojos de nuestros queridos residentes. Arrasó con la salud de unos y de otros. Se llevó la vida.


Y nos dejó las videoconferencias para las despedidas, el peso en el alma de acompañar tantos momentos así para el personal, en tan corto espacio de tiempo. Nos dejó como única mano amiga para residentes con los que hemos compartido años y años de vida en común. Porque ya eran parte de nosotros. Nos dejó trajes que nos hacen invisibles, olor a lejía, zonas rojas, verdes y de tránsito. Nos dejó camas vacías y trabajadores desolados. Nos dejó una tristeza pegajosa en el alma. Nos ha robado cachitos de nuestro corazón.


Porque más allá de un número, de una patología o grado de dependencia. Nuestros usuarios tienen nombre. Si, aquí tienen nombre. Como te descuides no sabes ni el número de habitación. Aquí viven Rosa, Blanca, Carmen, José, Amario, Concepción, Isidora, etc.

Y, por eso mismo, volvimos a nuestro ser. Hemos convertido la situación en una nueva rutina. Se visten de astronauta, como algunos dicen, se ponen el nombre bien visible, y deciden que ese día tampoco les va a llevar la tristeza. Y les asean, les visten, les dan de comer, friegan, lavan y limpian todos los rincones. Pero también cantan, bailan y hacen crucigramas con ellos. Les hacen reír, recordar historias y contar anécdotas.

Otros se pasan el día hablando con las familias, que lógicamente siempre dicen que es poco. Algunos han cambiado de trabajo, antes hacían fisioterapia o terapia y ahora llaman por teléfono, hacen kits de aislamiento, ayudan en planta o transcriben cientos de informes.


Porque las residencias están vivas, se reinventan, se adaptan. Y el covid también ha sacado lo mejor de nosotros. Dejemos atrás los prejuicios hacia el mundo residencial. Valoremos todo este esfuerzo, que muestra de qué madera estamos hechos.


Puede que de esta epidemia salga un nuevo modelo asistencial. Puede que se ponga en valor a la parte viva de la institución. Residentes en el centro, profesionales valorados, estructuras adaptadas. Cambios necesarios, que puede que salgan adelante. Hemos demostrado que somos capaces de afrontar grandes retos. Merecemos sentarnos de igual a igual con el resto de profesionales de la sanidad, de la atención.


¿Hospitalizamos las residencias?¿O desaparecen y tiramos hacia el modelo de viviendas colaborativas?Ni lo uno ni lo otro es la única y mejor solución. Visto cómo les ha ido a los hospitales, no se si esa solución da todas las respuestas. Y visto cómo ha ido en Europa, con otros modelos, tampoco hubieran detenido esta epidemia. Creo que hay que replantearse hasta las estructuras. No olvidemos los ratios, que necesitan un urgente redimensionamiento. Pero hay mucha tela que cortar. Protocolos, formación, reconocimiento, gestión del talento, etc.


Y, para finalizar, os recuerdo que, al personal de nuestras residencias, no le tumba ni un virus. Por muy canijo que sea.

lunes, 2 de mayo de 2016

FISIOTERAPIA DE VERDAD Y NO LA GERIÁTRICA

Hace unos días, visitando una residencia de mayores asistidos (muy asistidos), me crucé con la fisioterapeuta del centro, conocida de hace años. No se quedaba al almuerzo festivo, tenía otro trabajo por la tarde. Unas horas, pero fisioterapia de verdad, que le daban la vida profesionalmente. Me explicó que el trabajo en la residencia le resultaba frustrante, que no conseguía nada. Y lo poco que conseguía no se utilizaba en planta. 

Me entristeció. Se que es buena profesional, que se esfuerza día a día por dar lo mejor en la sala de la residencia. Entonces ¿Qué pasa con la fisioterapia en geriatría?

La fisioterapia está en pleno crecimiento dentro de la geriatría. Se requiere de profesionales en todos los ámbitos -dejemos a parte la remuneración, la carga de trabajo, el conocimiento real del trabajo que desempeña por parte de los jefes...-. Sin embargo, no se siente en la profesión como una opción tan válida como las demás. Como si fuera de menos lustre. Mola más la deportiva, la hospitalaria, la pediátrica. Cualquier otra ¨mola más¨. 

Creo que el desconocimiento sobre la fisioterapia en el campo de la geriatría es inmenso. Muchos creen que es hacer lo mismo que en hospital, pero siempre con pacientes viejunos. Tratas una fractura, una insuficiencia respiratoria, un ictus, etc.

Otros creen que es eso tan en boga, del envejecimiento activo. Un montón de mozos y mozas canosos, que hacen ejercicio, suben brincando las escaleras del parque para jugar con sus nietos  y ganarles a comer gominolas.

Otros creen que es algo tétrico, triste, porque trabajas con personas con un pie en el otro barrio y con los que no puedes conseguir nada.

La fisioterapia en geriatría es todo eso y mucho más, menos tétrica. 

Hay que redescubrir una disciplina intensa, amplia y variada. Es una disciplina o especialidad, dentro de la fisioterapia, no tanto por las técnicas especiales y únicas (la técnica mili o la técnica Pili), como por los modos de aplicación de esas técnicas y su adaptación a unas especifidades propias del envejecimiento. Engloba todos los aspectos de la persona y la salud, todas las partes del proceso de atención a la persona. Pero también hay que trabajar multidisciplinariamente, y de manera holística. Hay que saber valorar la funcionalidad, la independencia, las variaciones en todos los órganos y aparatos.

Y no es lo mismo tratar con uno de esos mayores que van a todas partes, con la cámara, la toalla y las deportivas. Que tratar con los grandes incapacitados, con aquellos que tienen una movilidad reducida. Y si quieres aplicar los mismos objetivos a unos y a otros es frustrante. Y en ambos casos, la fisioterapia ha de estar presente. Es imprescindible. Y más en este último grupo. 

Pero ¿Qué vamos a conseguir con gente que no camina, que no come, que no es continente? Pues tendremos que sentarnos a meditar qué puede hacer la fisioterapia por ellos. 

¿Os imagináis que un fisio en palitivos buscara otro trabajo porque no consigue nada? O puede que en paliativos tengamos mucho más claros los objetivos. Unos objetivos bien grandes y bien importantes: calidad de vida, comodidad, alivio sintomático...

Pues si en el proceso final de la vida -en un centro hospitalario- es tan importante, tanto más en uno de nuestros centros con usuarios asistidos y grandes dependientes.

La fisioterapia en geriatría abarca un rango de edad muy grande, con unas variaciones funcionales enormes. Es necesario profundizar en el proceso de envejecimiento, que es algo fisiológico -no es enfermedad- y en las patologías que se presentan. Tanto las comunes con otras etapas de la vida, como aquellas más frecuentes en edades avanzadas. Teniendo en cuenta que hay una variable muy importante, las patologías trascienden los órganos y sistemas. Se requiere un gran control de todas esas implicaciones para poder hacer un tratamiento correcto.

El objetivo del tratamiento es mantener la funcionalidad al máximo, conseguir la máxima autonomía en las actividades de la vida diaria, dar calidad de vida SIEMPRE. Independientemente del punto en el que se encuentre.

Repensemos una especialidad, cursos de formación en este campo tan complejo, etc. Apenas si encuentras algo.

Siento envidia sana de esas jornadas del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Catalunya  

Hay un gran futuro en el campo de la geriatría. Y necesita que se le ponga el foco.

martes, 21 de mayo de 2013

TROZOS DE PASADO QUE OTROS TEJEN

Una residencia es un microcosmos. Con una población reducida, donde todos terminan por conocerse. No sólo los residentes y los trabajadores. Los familiares también tejen sus redes de apoyo. Tengo un grupo de familiares que se juntan en los soportales de la residencia y cantan, ríen, se ayudan y se secan las lágrimas cuando una se escapa. Si un familiar no puede venir, otro me trae al abuelo a tratamiento.

No debemos verlos como una fuerza de presión, como algunos colegas pueden ver. Son redes que ayudan a soportar la necesidad de dejar a un ser querido en un centro asistencial. Los que no se preocupan de ellos, nunca aparecen por el centro y menos se adhieren a estos grupos.

Está claro que, en la actualidad, se hace muy difícil cuidar de padres, madres, esposas, esposos o hermanas, cuando el deterioro es mayor que las capacidades. Ese duro momento de alejarte, hace pensar que lo abandonas, que eres una egoísta, que dejas lo duro a los demás.

Nada más alejado de la realidad. Cuando los cuidados se especializan hay que acudir a los profesionales. Aquellos que cuentan con medios y conocimientos -o se les presupone-.

Dentro de este grupo, se incluyen varias generaciones de la misma familia. Todos juntos ayudan, se apoyan, crecen y calman las heridas. Aprenden y te enseñan -que nadie nació "sabido"- un montón de cosas.

Una nieta, por ejemplo, ha creado un blog, donde habla del centro, de su familia, de la de los otros, de los trabajadores, etc. Una bonita experiencia. Una forma de no dejar que los detalles se olviden. 

Aquellos que ya no saben que es un ordenador, quedan así en la red, para que todos podamos conocer quiénes son, por lo que fueron, por lo que son, por lo que amaron, por quien les amó y amaron.

Sólo espero que no sea flor de un día, o blog de un examen.

martes, 23 de abril de 2013

DE AGRADECIMIENTOS EN EL DOLOR

Hace unos días, Palmira nos abandonó. Para dolor de su familia y, un poquito, nuestro. Pues terminas poniendo algo de tu corazón en cada paciente. 

La familia no quiso marcharse sin más, con sus ropas, sus penas y sus recuerdos. Nos dejaron unas palabras que quiero compartiros:

"Hace unos diez años, mi madre empezó a tener Alzheimer, una enfermedad muy cruel que, como me dijo una amiga "lo robaba todo".

La robó sus recuerdos, lo más importante que tenemos en la vida, porque nosotros vivimos y somos nuestros recuerdos, los de nuestra infancia, de nuestra juventud, de nuestra familia, nuestros hijos, nuestra forma de ser y comportarnos; pues a mi madre, como a todos los enfermos de Alzheimer, todo eso SE LO ROBARON.

Cuando la enfermedad avanzó los cuidados cotidianos en su hogar, ese que ella había creado durante toda su vida, no fueron suficientes.

Solicitamos plaza en un centro de día y tuvimos la suerte de poder traerla aquí, al Centro de Día de Alzheimer del centro. Para nosotros, dentro de la pena que suponía la situación que vivíamos y tener que traer a tu madre a un Centro, supuso un gran alivio, ya que esas horas estaba en manos de profesionales, desde el personal de limpieza hasta la dirección, pasando por auxiliares, terapeutas, psicólogos, trabajadores sociales, no diremos nombres, porque en estas ocasiones siempre alguien se queda "en el tintero" y no sería justo, pero todos nos conocemos.

En nuestra primera reunión con los responsables del Centro de Día ya nos hablaron del siguiente recurso, el ingreso en el Centro de Mayores, es decir en la Residencia. No quisimos hacer caso, en nuestra falsa ilusión, creíamos que nuestra madre se iba a curar. Pero... ese día llegó y tuvimos que solicitar plaza en residencia, la enfermedad había avanzado tanto que ya no podíamos cuidarla en casa. Esta vez nuestra suerte cambió y en vez de darnos plaza aquí, por esas cosas de la burocracia, nos la mandaron muy lejos, a 70 km de nuestra casa. 70 km de ida y 70 km  de vuelta que teníamos que hacernos todos los días para poder ver a nuestra madre. Así pasamos cinco largos meses, hasta que por fin pudo volver aquí. En aquel período mi madre dejó de comer, sólo tomaba batidos probióticos y algún que otro vaso de leche bebida. Cuando volvió aquí, y gracias a los grandes profesionales que aquí trabajan, consiguieron que poco a poco, y a pesar de su gran deterioro, mi madre volviese a tomar alimento, purés en las comidas, leche y galletas en el desayuno y merienda, algo que para nosotros era ya impensable. Sólo les costaba ducharla, y poco a poco lo iban consiguiendo. Pero el mayor logro para nosotros fue conseguir que mi madre empezase a recuperar la sonrisa, a repartir besos, a bailar, en fin... un poco de su alegría, esa que ni siquiera la enfermedad le había robado.

Nuestra felicidad ha durado poco tiempo, faltaban pocos días para cumplir los cinco meses de estancia aquí, a nuestro lado, cerca de su casa, cerca de nosotros, cuando nos sorprendió su partida definitiva.

Queremos manifestar nuestro agradecimiento en mayúsculas a todos los trabajadores del Centro, pero con un cariño especial al personal tanto del Centro de Día, como de la U.A.P., que han trabajado directamente con nuestra madre, y que con tanto cariño y profesionalidad la han tratado.

Y, para finalizar, también queremos agradecer el apoyo recibido de todos los residentes, especialmente los que compartían zona con nuestra madre, y sobre todo, de los familiares de los residentes que tantas muestras de ánimo nos han transmitido en todo momento.

Todos y cada uno de vosotros estaréis siempre con nosotros en nuestros recuerdos, bueno a no ser que una cruel enfermedad NOS LOS ROBE.
Gracias por todo".


¿Comprendéis la lagrimita del otro día en twitter?

martes, 13 de noviembre de 2012

COLOCAME LA TETA

Con las personas mayores, como con los niños, corremos el peligro de hacerlo todo para terminar antes. El tiempo es el gran enemigo de todito todo. Que si hay que levantar a ciento, que si la mitad antes de las nueve, que si tocan mil duchas, que si la medicación de la planta, que si las grúas, que si tal... Vamos corriendo por las habitaciones, por las plantas, por los pasillos. Como si la vida fuera un paso por delante.
Y, si encima el usuario-paciente-abuelo, se deja hacer, pues tenemos la ecuación perfecta.
Hoy subí a una planta para echar un vistazo. Movilidad, ergonomía, riesgo de caídas, ayudas técnicas, autonomía, equilibrio y demás cosas que miramos los fisioterapeutas por las plantas a horas intempestivas, como la de levantar.
Así entré en la habitación de Adela. ciento cuatro años muy apañados. Hace uno mes y medio se cayó y creyó que no volvería a caminar. Pero no quisimos darle la razón y por ahí va, con su andador. Sin embargo, hay cosas que empiezan a llamar la atención. Con la tontería de charlar con ella y su auxiliar de referencia, estuve en el aseo y vestido. Ya de paso echando una mano, que una no vale para estar de brazos cruzados. Y cuando le ponen el sujetador, se queda a la espera, mientras abrochan los corchetes.

- Adela, hija, recolócate los pechos que se te escapan.
- No - Me responde, mirando a ninguna parte.
- ¿Cómo que no?
- No, que ella lo hace mejor - añade, cabeceando hacia la compañera-.
- Pero si no te pasa nada en los brazos.
- Que no.

Son pequeños gestos, pequeños detalles que nos dan la alerta. No hay ningún tipo de limitación para ese gesto, ni tronco, ni hombros, ni codos, ni manos. Ni mucho menos en los pechos. 
Sin embargo, es otro pequeños detalle de cierta rendición. Poco a poco. 
Mañana la voy a poner una parrilla nueva de ejercicios para miembro superior. Y otro para el amor propio de una mujer que ha sido tan batalladora.

martes, 31 de enero de 2012

ME LO DIJO MI VECINA.


Así están las cosas, tú te peleas por adaptar andadores, bastones, sillas de ruedas, ayudas técnicas para la marcha en general. A ti acuden, como si fueras Cáritas, pidiendo que les des una silla, que si ese andador no les gusta, que si no tendría por ahí otro más nuevo, más mono, más guay.


Pero, cuando les dices que no tienes una ortopedia, sino que eres la fisioterapeuta y que manejas un limitado y viejo "parque móvil" se enfadan. Y, lo que es peor, aparecen con un artilugio que tú no has visto, ni adaptado, ni comentado, ni nada de nada.

Después que si las rueda pincha, que si es estrecha, que si te la cambio por una tuya, que si la abuela fuma...

Es como si creyeran que se las iba a quitar,  o que no les voy a dar el visto bueno, o que voy a intentar colar un modelo más caro, o de un "amiguete" del que me llevo comisión. ¡Lo que hay que oir y ver!

Pues ojo, porque si te está estrecha, es mala, pesada, antigua, o lo que sea "Yo no tengo la culpa". Los mismos que te la vendieron son los que tienen que responder. Haberme preguntado antes.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

MOMENTOS PARA COMPARTIR EN LA ENFERMERIA

Últimamente paso bastante por la unidad de enfermería de la residencia. No porque yo lo necesite ¡Vive Dios! sino porque se van alojando allí residentes que requieren de mis cuidados profesionales.

De los ocho ingresados, seis tienen tratamiento en activo. Y para allá que nos fuimos, ya de paso hicimos caminar a otro desde el departamento.

Coincidimos, será que hoy es fiesta en Madrid, con unos cuantos familiares. Así que, sin darnos cuenta, estábamos de cháchara todos. Que si firmando la escayola de una de las abuelas, que si enseñando las fotos de la hija de mi auxiliar, que si bromeando con otro abuelo, etc.

Se produjo un momento bastante distendido y lleno de historias y buen rollo.
Esos momentos son enormemente terapéuticos. No ver a la familia y el personal enfrentado, un ambiente relajado y distendido, bromas y risas que relajan el ambiente. Hacerse próximo no tiene que significar perder el "estatus" de profesional. Porque en mi residencia, a conocimientos de fisioterapia, no me gana ni el director. Al resto me pueden ganar todos.

Los miedos son muchos, debemos luchar con todas las armas a nuestro alcance. Hacer frente con terapéutica, con palabras, con medicinas, con risas, con protocolos, con escucha activa.
Hoy los dejé a todos sonriendo. Hasta los familiares. Fue una gran sesión.

jueves, 6 de octubre de 2011

ANTONIA Y STEVE

Hoy amanecimos con la noticia del fallecimiento de Steve Jobs. Antes hablaban de una "larga enfermedad" cuando hablaban de cáncer. Ahora se puede hablar directamente de cáncer de páncreas. El caso es el mismo, Steve perdió la partida.

Mi twitter se llenó de condolencias, reproducciones de uno de sus discursos más emotivos, recuerdos, lamentos y condolencias. Medio planeta lamenta su pérdida. Amigos, enemigos, trabajadores y clientes.

La verdad es que lamento su pérdida, como persona. Realmente, aunque me gane enemigos, como empresario me da igual. No como gracias a él. No salí de cañas con él, ni le conté mis penas.
Ni, menos aún, me las contó él. No puedo hablar de él, como si fuera una persona especial para mi. Si tengo Ipod, Iphone y Mac. Pero no me los regaló.

Al llegar al trabajo, me enteré de otra muerte. Antonia, 96 años, falleció en el postoperatorio tras una intervención por una fractura de cadera. Su cuerpo no pudo con el deterioro, la vida, los déficits, el esfuerzo diario para moverse, la caída, la fractura y la intervención.

Antonia deja tres hijos, siete nietos y cuatro biznietos.

Al poco de empezar en la residencia, me lié la manta a la cabeza y me llevé a cuatro abuelas a unos encuentros deportivos a Tarragona. Ella fue. Guardo las fotos, las risas, las ocurrencias. Me ayudó durante años con la tabla de gimnasia general. Me invitó a algún café y me contó alguna pena.  Era habitual en las obras de teatro del grupo de la residencia durante muchos años. Y no se perdió mientras pudo excursión alguna. Y fue la primera en venir a la piscina para hacer gimnasia.
He compartido con ella 13 años de trabajo.

No era mi familia, no era mi abuela, en una pequeña porción, como y me visto gracias a ella y a los otros abuelos de mi residencia. 
No he puesto ni un tweet sobre Antonia. La noticia de su fallecimiento no ha llegado ni al portal de al lado.

Pero hoy, le dedico mi recuerdo a Antonia. Una luchadora nata. Una mujer que sólo sabía las cuatro reglas, que emigró a Madrid buscando lo mejor para su familia. Que fregó suelos ajenos y propios. Que necesitó de su marido para abrir una cuenta y que nunca sacó el carnet de conducir. Disfrutó todo lo que pudo de la vida.

Un beso Antonia. Saluda a Steve.

jueves, 28 de abril de 2011

LA IMPORTANCIA DE SER PEON DEL REY

Una residencia puede vivir perfectamente sin médico de plantilla. Sin enfermeras, sin podólogo, sin terapeuta ocupacional y, como no, sin fisioterapeuta.
A todas luces, que falten profesionales con uno, dos o varios de estos perfiles, hacen que un centro de este tipo sea menos eficaz.
Pero lo que está claro es que no puede existir una residencia sin el personal de atención directa. Y prefiero auxiliares de enfermería a gerocultoras. Creo que la gerocultora es una creación para disminuir el grueso de la nómina.
Me parecen vitales, con un puesto de responsabilidad, con gran influencia en todos los aspectos de la vida del usuario. ¿Por qué algunas se empeñan en considerarse y actuar como meras "lavaculos"? Dicho por más de una.
Tienen una responsabilidad vital, tienen una historia clínica que llevar, tienen un trabajo diario, tienen un margen de decisión propio. Tienen un desarrollo propio de la actividad.
Quién mejor que ellas, para decirte si el anciano empieza a tener sutiles cambios. Quién te puede mantener las habilidades para las actividades de la vida diaria, la independencia que tenga el usuario. Nadie mejor para valorar la respuesta a un tratamiento.
La persona que puede conseguir, con su apoyo, que el trabajo de recuperación tras una fractura, una intervención, un ictus, una caída, se vea reducido drásticamente.
No es cuestión de quién tiene el título universitario más gordo o con la lista más larga de masters o postgrados. Es cuestión de profesionalidad, de responsabilidad, de respeto por el propio trabajo. De creer en ti mismo y en tu labor.
No puedo hacer que un colectivo se sienta importante en la institución, si ese mismo colectivo no se lo cree. Hay que empezar por ahí. Después eso repercutirá en cómo les ven los demás colectivos, los mandos superiores y el público.


martes, 25 de enero de 2011

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE

"Llega un día en que el cuerpo se cansa de aguantar." C.L.
Estas palabras las dijo hoy una abuela de la residencia donde trabajo de mañana. No, no se refería a las noches de farra, alcohol, drogas hombres/mujeres y/o baile hasta el amanecer.
Lo dice tras una larga lucha contra el cáncer. Con la voz quebrada y cierta paz. Aceptando su situación. El dolor, aguantado años y años, parece darle igual. Ha mirado de frente a su enfermedad, sus recaídas y sus metástasis.
Siente cerca la muerte. Pero ni se queja, ni protesta. Acepta.
Viene todos los días al departamento, caminamos, hacemos ejercicios, le hago drenaje linfático y le coloco el correspondiente vendaje en el brazo. Y hablamos, a su ritmo, cuando quiere.
Respeto mucho a mis pacientes. A estas personas, con todos sus años, experiencias y problemas no les esquivo su dosis de verdad. No es digo que no digan eso, que van a dar guerra muchos años, que eso de que la van a palmar es una tontería, etc.
Llega un momento en la vida en la que algunos pueden hablar de la muerte con cierto distanciamiento. Con calma. Sin agobio.
En estos días, en los que envejecer está prohibido y hablar de la muerte es tabú, se agradece la conversación tranquila con quien la ve de cerca. Con los que saben que, al final, ganarán. Si, ganarán. Morirán y se llevarán la enfermedad, la vida y hasta a la misma muerte a la tumba.