martes, 25 de enero de 2011

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE

"Llega un día en que el cuerpo se cansa de aguantar." C.L.
Estas palabras las dijo hoy una abuela de la residencia donde trabajo de mañana. No, no se refería a las noches de farra, alcohol, drogas hombres/mujeres y/o baile hasta el amanecer.
Lo dice tras una larga lucha contra el cáncer. Con la voz quebrada y cierta paz. Aceptando su situación. El dolor, aguantado años y años, parece darle igual. Ha mirado de frente a su enfermedad, sus recaídas y sus metástasis.
Siente cerca la muerte. Pero ni se queja, ni protesta. Acepta.
Viene todos los días al departamento, caminamos, hacemos ejercicios, le hago drenaje linfático y le coloco el correspondiente vendaje en el brazo. Y hablamos, a su ritmo, cuando quiere.
Respeto mucho a mis pacientes. A estas personas, con todos sus años, experiencias y problemas no les esquivo su dosis de verdad. No es digo que no digan eso, que van a dar guerra muchos años, que eso de que la van a palmar es una tontería, etc.
Llega un momento en la vida en la que algunos pueden hablar de la muerte con cierto distanciamiento. Con calma. Sin agobio.
En estos días, en los que envejecer está prohibido y hablar de la muerte es tabú, se agradece la conversación tranquila con quien la ve de cerca. Con los que saben que, al final, ganarán. Si, ganarán. Morirán y se llevarán la enfermedad, la vida y hasta a la misma muerte a la tumba.

jueves, 16 de diciembre de 2010

SANTA BARBARA Y LOS MASAJES

Dice el refrán que "Sólo nos acordamos de Sta Bárbara cuando truena". Puede que tenga razón. De hecho tiene razón.

Con los fisioterapeutas sucede algo similar. No somos santos pero sólo se acuerdan de nosotros cuando es tarde, cuando el problema ya está instalado y bien instalado.
Esguinces, contracturas, dolores de hombro, manos que se duermen, piernas más hinchadas que si fueran botijos, etc.
Sin embargo, cuando todo va bien no aparecemos ni por asomo. No digo que vengáis a darnos charleta, o las gracias, o decir que bien vamos. Quizá sólo hablo de prevención. Pero os alejáis como si fuéramos uno de los jinetes del apocalipsis.
Y os dejáis embaucar por palabras, por técnicas, por gentes ajenas. Técnicas que suenan orientales y por ello milenarias. Aplicadas por "auténticos orientales". Como si por ser chino ya supieras medicina tradicional china (lo reconozco, soy española y no se bailar sevillanas).
O cantos de sirena, como masajes a "seis manos" ¡SEIS! La sala más bien será el camarote de los hermanos Marx. Y si encima te lo dan con la pareja al lado, la leche vamos. Obviamente todo se paga. Y por eso estás dispuesto a pagar más de 200 €. Cuando mi sesión de fisioterapia te resulta carísima y me regateas como si fuera el rastro -no llegando a la cuarta parte de ese coste-.
Dispuestos a ello, podrías pedirme a mi un masaje relajante general. Se de lo que hablo, pues estudié, entre otras técnicas de fisioterapia, técnicas para relajar y eliminar los excesos del estrés y la vida moderna. Y, aunque soy occidental, consigo buenos resultados. Y con menos manos.
Si confías en mi, cuando tienes un problema, un dolor, una limitación, hazlo cuando te quieres dar un homenaje. Da una oportunidad a la prevención.

domingo, 12 de diciembre de 2010

PALABRAS NO DICHAS

Algunas veces, nos quedamos con determinadas cosas dentro, no hablamos y ¿Os habéis preguntado dónde van las palabras no dichas? No preguntamos, no contradecimos, no paramos los pies, no protestamos, no vemos solución ni salida. No lo vemos, no podemos o no queremos.
Algunas veces, no damos "pista" a sentimientos, temores, ideas, que nos asustan, que nos agarrotan. Problemas con la familia, con los amigos, con el trabajo. Pérdidas de mayor o menor intensidad. Existen miedos reales o imaginarios, a perder el trabajo, a equivocarnos, a perder a los que amamos. Miedo a fantasmas del pasado.
¿Dónde van todas las palabras que componen este diálogo, realmente este monólogo? No hablo de los locos de atar, ni de terminar oyendo vocecitas. Hablo de todos nosotros en un momento dado. O en distintos momentos de nuestra vida.
Pues muchas de esas palabras atragantadas llegan a las consultas médicas, de enfermería o de fisioterapia. Vienen envueltas en problemas de espalda, dolores de estómago, trastornos del sueño o del intestino, malas digestiones, etc.
Y nosotros podemos tratar el síntoma. Podemos descontracturar la espalda y devolver la movilidad al cuello. Con mis manos puedo solucionar problemas digestivos y regularizar el movimiento y la tensión de las válvulas. Puedo relajarte y hacer que ceda esa presión en la cabeza.
Puedo hacer muchas cosas.
Pero muchas veces hice más escuchando. Tu silencio o tu huracán de palabras. No soy tu psicóloga, ni lo intento, ni lo buscas. Pero algunas veces solucionamos más dando la opción de verbalizar muchas cosas. Dejando que se expulsen palabras como demonios.
Alguna vez he secado lágrimas, he leído palabras en el aire de la consulta. No te puedo dar armas para afrontar esas cosas, pero te he ayudado con mis manos y con mi escucha.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

EL MACGYVER DE LAS AYUDAS TECNICAS

Con los años, o la evolución de las patologías, nuestro organismo se deteriora. Y no siempre nos damos cuenta o queremos reconocerlo. 
De manera voluntaria o involuntaria, los objetos empiezan a adquirir una nueva función: la de ayuda técnica.
Pongamos como ejemplo los problemillas a la hora de desplazarse. Por casa o por la calle, que hay para todo. Cuando tenemos esos dolores, esas limitaciones, esas pequeñas "cosas" hacen que inconscientemente  adaptemos el entorno.
Paraguas, carros de la compra, sillas de despacho, etc., con buenas ayudas puntuales para llegar al salón, subir las escaleras o volver desde la tienda de ultramarinos. Son pequeñas ayudas puntuales, que si no son frecuentes tampoco hay que dar mayor importancia. Todos hemos estado tan cansados que hemos utilizado estos artilugios como ayuda, aunque seamos unos mozalbetes.
Pero no debemos olvidar nunca, que estos pequeños pluriempleados no han sido diseñados para esas nuevas responsabilidades.
No han sido diseñados para esos esfuerzos. Soportar la lluvia y el viento no asegura la fuerza suficiente para apoyar nuestro peso en cada escalón. Las sillas de despacho con ruedas no disponen de frenos que aseguren que no se moverán al levantarnos o sentarnos. Los ejes de las ruedas del carrito de la compra tienen un tope de peso a soportar, aún sólo con la compra, se irán combando.
Han sido diseñados para unos usos distintos. Al utilizarlos de manera inadecuada, ponemos en riesgo nuestra salud.

No nos juguemos nuestra salud.


Bastón común: 12 €
Andador sencillo: 43 €
Muleta: 9 €

lunes, 29 de noviembre de 2010

¡DANZAD, DANZAD MALDITOS!

De todos es conocido el pequeño diálogo del que participan pacientes y personal sanitario:
- Debería hacer usted un poco más de ejercicio.
- Si claro, pero ¿Cuándo? Si apenas tengo tiempo. Entre el trabajo, la casa, los niños, etc. Apenas tengo tiempo.

¿A qué os suena? Incluso algunos nos hemos ubicado a ambos lados de la mesa. Por lo que todos comprendemos objetivamente los dos puntos de vista.

Debemos aclarar a todos, que el trabajo habitual no puede considerarse actividad física. Desde el punto de vista que buscamos al recomendar el ejercicio. A fin de cuentas, actividad física es, pero no deportiva. Un motivo es que uno no arregla humedades pensando en trabajar abdominales, estirar isquiotibiales o mejorar la resistencia. Un@ trabaja y con eso ya tiene suficiente.

El objeto de recomendar el ejercicio como actividad deportiva, es la de mejorar nuestro nivel físico, para hacer frente a ese ejercicio diario que nos da de comer y paga la hipoteca. Prevenir las temidas lesiones laborales y mejorar nuestra futura vida de jubilados.

Tanto por una actividad laboral sedentaria, como muy física, el cuerpo puede sufrir unas consecuencias muy parecidas. A fin de cuentas, somos iguales en cuanto al número de músculos, a cómo nos agachamos, con qué gestos apretamos un tornillo o qué musculatura mantiene la posición de los brazos mientras tecleamos de manera incansable.

Es más, los mismos músculos participan en el esfuerzo de teclear durante horas y mantener el ritmo y el movimiento en una cadena de montaje.

Así que todos podemos sufrir dolores similares aunque desarrollemos trabajos distintos.

Por tanto, hemos de mantenernos en nuestros trece de recomendar e intentar hacer ejercicio. No digo prepararnos una maratón. Pero podemos buscar qué nos ofertan en las horas que podemos disponer, o buscar lo que nos gusta a ver cuándo lo ofertan. Podemos hacer padel, tenis, baloncesto, spinning, footing, pilates, yoga, baile de salón -si, baile-, natación o gimnasia en el agua. Hay un montón de posibilidades.

Pero podemos empezar por algo más pequeño. ¿El qué? Pues podemos bajarnos una parada antes del bus/metro. Podemos subir el último piso andando y bajar caminando. Hemos de buscar un huequito para el ejercicio. Para esto no hay excusa, bueno, seguro que encontramos trescientas. Pero ¿Cuántas no son más que una gran resistencia a iniciar algo que nos beneficia pero que rompe nuestra rutina?

Es nuestra salud lo que está en juego.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿DÓNDE ESTÁN MIS PACIENTES?

Los profesionales sanitarios que estamos por la red, muchas veces nos preguntamos cómo acercarnos a nuestros clientes, pacientes, usuarios -como queramos llamarlos-. Hablamos de hacernos visibles, de abrir blogs, poner nuestros emails en las consultas, abrir pagina en facebook, twitter y nosecuantos lugares más.
Intentamos hacernos visibles, para que lleguen y nos encuentren. Para que buscando por la red, levanten la ceja y digan "anda mira, si está aquí. Y qué bonito tiene todo".
Pero los pacientes tienen la fea costumbre de ir por libre. De hacer lo que les viene en gana. Leer lo que aparece en su pantalla y darlo por bueno. Tienen todo el derecho del mundo a dar por cierto informaciones que no saben contrastar.
Si un gurú de no-se-qué ciencia les dice con intensas y convincentes palabras que siempre cura la caspa con pelos de lagarto del Ampurdán -que casualmente vende él-, lo querrán. Sólo por ver desaparecer la caspa.

No saben cómo encontrarnos, no saben cómo averiguar si la información que leen es buena. Llegan a foros, webs, chats y demás y plantean sus dudas. Puede que en esas páginas vean nombres de profesionales sanitarios, que dan relevancia y seriedad a la página. Pero puede que esos profesionales pasaran por allí puntualmente y solucionaran una duda. Así que el campo queda abonado para respuestas no muy acertadas, pero si muy interesadas. 
Y después están los que ofertan las soluciones que ellos encontraron. No siempre la solución de uno es aplicable a otro. Pero la desesperación no entiende de individualidades.
Puede que tengamos que salir a buscarlos. Debemos encontrar los lugares donde buscan. Destruir falsos mitos. Orientar hacia páginas seguras y de información contrastada -reconozcámoslo, no tenemos todas las respuestas-.
Debemos ponernos en la piel del que pregunta, del que necesita saber, del que busca una solución. A fin de cuentas nosotros también somos pacientes, no es tan difícil ponernos en su piel.