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domingo, 13 de noviembre de 2016

¿LA VEJEZ ESTÁ DE MODA?

Están de moda. Si, como cada vez son más, era cuestión de tiempo que nos fijáramos en ellos. Para que ellos se fijaran en nosotros. Mayores felices, mayores con estilo. Mayores con personalidad, con poder adquisitivo.

Ahí están las marcas para hacernos más apetecible la vejez. Esos mayores con personalidad, independientes, inteligentes, con energía y seguridad. 

Bueno, para variar no está mal. En lugar de jovencitas famélicas, ancianas saludables y libres. En lugar de esos modelos que parecen enfadados con todo el mundo, hombres mayores de risa franca y camisa floreada, con el pecho canoso al descubierto.

Si, no está mal.

Eso si, que se mantengan así por mucho tiempo. Que Dios, Alá, Buda, el destino o la Fuerza, les mantenga tan lozanos.

Porque cuando la dependencia aparece por la puerta, toda la sociedad salta por la ventana. Los sindicatos, los partidos, las consejerías, los ministerios y los gobiernos. Todos corren en dirección opuesta al punto que ocupa.

Pero no nos bajemos de la foto.

Nosotros también nos escabullimos, como alma que lleva el diablo. Porque todos ellos y lo que hacen, lo hacen con nuestro visto bueno. Con nuestra condescendencia. Sino con nuestro apoyo. Están ahí, no nos quejemos, no protestemos. Nosotros les hemos puesto ahí. Somos así. Y todo aquel que intente algo, muere ahogado por el aparato implacable de la jerarquía, la estructura, la inercia...

Dicen por ahí "Todo el mundo quiere llegar a viejo. Pero nadie quiere serlo".
Dios nos pille confesados. Quiera Él que participemos en esos anuncios y nuestra muerte sea rápida e indolora.

Porque si nos cubre la patina de la dependencia, sabremos lo que son los recortes, el profesional que trabaja ahí porque no hay otra cosa mejor -que mole más-, los profesionales quemados por falta de todo, la soledad, la medicación que realmente no está pensada para pluripatologías, la falta de adaptación de los espacios, los tópicos, las limitaciones que vienen de todas partes, etc.

La vejez no mola, no viste.

Pero mientras, que vistan todos esos modelos de mayores estupendos con sus trajes y sus gafas.



lunes, 2 de mayo de 2016

FISIOTERAPIA DE VERDAD Y NO LA GERIÁTRICA

Hace unos días, visitando una residencia de mayores asistidos (muy asistidos), me crucé con la fisioterapeuta del centro, conocida de hace años. No se quedaba al almuerzo festivo, tenía otro trabajo por la tarde. Unas horas, pero fisioterapia de verdad, que le daban la vida profesionalmente. Me explicó que el trabajo en la residencia le resultaba frustrante, que no conseguía nada. Y lo poco que conseguía no se utilizaba en planta. 

Me entristeció. Se que es buena profesional, que se esfuerza día a día por dar lo mejor en la sala de la residencia. Entonces ¿Qué pasa con la fisioterapia en geriatría?

La fisioterapia está en pleno crecimiento dentro de la geriatría. Se requiere de profesionales en todos los ámbitos -dejemos a parte la remuneración, la carga de trabajo, el conocimiento real del trabajo que desempeña por parte de los jefes...-. Sin embargo, no se siente en la profesión como una opción tan válida como las demás. Como si fuera de menos lustre. Mola más la deportiva, la hospitalaria, la pediátrica. Cualquier otra ¨mola más¨. 

Creo que el desconocimiento sobre la fisioterapia en el campo de la geriatría es inmenso. Muchos creen que es hacer lo mismo que en hospital, pero siempre con pacientes viejunos. Tratas una fractura, una insuficiencia respiratoria, un ictus, etc.

Otros creen que es eso tan en boga, del envejecimiento activo. Un montón de mozos y mozas canosos, que hacen ejercicio, suben brincando las escaleras del parque para jugar con sus nietos  y ganarles a comer gominolas.

Otros creen que es algo tétrico, triste, porque trabajas con personas con un pie en el otro barrio y con los que no puedes conseguir nada.

La fisioterapia en geriatría es todo eso y mucho más, menos tétrica. 

Hay que redescubrir una disciplina intensa, amplia y variada. Es una disciplina o especialidad, dentro de la fisioterapia, no tanto por las técnicas especiales y únicas (la técnica mili o la técnica Pili), como por los modos de aplicación de esas técnicas y su adaptación a unas especifidades propias del envejecimiento. Engloba todos los aspectos de la persona y la salud, todas las partes del proceso de atención a la persona. Pero también hay que trabajar multidisciplinariamente, y de manera holística. Hay que saber valorar la funcionalidad, la independencia, las variaciones en todos los órganos y aparatos.

Y no es lo mismo tratar con uno de esos mayores que van a todas partes, con la cámara, la toalla y las deportivas. Que tratar con los grandes incapacitados, con aquellos que tienen una movilidad reducida. Y si quieres aplicar los mismos objetivos a unos y a otros es frustrante. Y en ambos casos, la fisioterapia ha de estar presente. Es imprescindible. Y más en este último grupo. 

Pero ¿Qué vamos a conseguir con gente que no camina, que no come, que no es continente? Pues tendremos que sentarnos a meditar qué puede hacer la fisioterapia por ellos. 

¿Os imagináis que un fisio en palitivos buscara otro trabajo porque no consigue nada? O puede que en paliativos tengamos mucho más claros los objetivos. Unos objetivos bien grandes y bien importantes: calidad de vida, comodidad, alivio sintomático...

Pues si en el proceso final de la vida -en un centro hospitalario- es tan importante, tanto más en uno de nuestros centros con usuarios asistidos y grandes dependientes.

La fisioterapia en geriatría abarca un rango de edad muy grande, con unas variaciones funcionales enormes. Es necesario profundizar en el proceso de envejecimiento, que es algo fisiológico -no es enfermedad- y en las patologías que se presentan. Tanto las comunes con otras etapas de la vida, como aquellas más frecuentes en edades avanzadas. Teniendo en cuenta que hay una variable muy importante, las patologías trascienden los órganos y sistemas. Se requiere un gran control de todas esas implicaciones para poder hacer un tratamiento correcto.

El objetivo del tratamiento es mantener la funcionalidad al máximo, conseguir la máxima autonomía en las actividades de la vida diaria, dar calidad de vida SIEMPRE. Independientemente del punto en el que se encuentre.

Repensemos una especialidad, cursos de formación en este campo tan complejo, etc. Apenas si encuentras algo.

Siento envidia sana de esas jornadas del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Catalunya  

Hay un gran futuro en el campo de la geriatría. Y necesita que se le ponga el foco.

sábado, 10 de octubre de 2015

NOSOTROS QUE MALTRATAMOS

En mi residencia, en toda residencia que se precie, tenemos un montón de familiares. Un montón de familiares que se quejan. Puede que no sean muchos, pero se hacen notar bastante.

Seguramente tienen razón. A fin de cuentas, si lees sus quejas, sus múltiples quejas, no sabemos poner pañales, ni cambiarlos. No tratamos sus patologías a tiempo. Los medicamentos que ponemos son caros, o pocos, o muchos, o se pierden, o se acumulan. Nosotros somos los que no sabemos cuándo poner a su padre al baño, cuando cambiarle la ropa, cómo darle la comida.

Si seguimos las quejas, nuestros abuelos están caquéticos, ulcerados, infecciosos perdidos. Ellos alertan sobre la necesidad de cambiar los profesionales que cuidan a su madre, los médicos, los fisios que no hacen que vuelva a caminar. Nadie sabe cómo identificar ese cambio de comportamiento, esa pérdida de marcha, ese babeo.

Tenemos familiares que nos descubren cada semana, como unos cuidadores pésimos, unos profesionales malísimos, una institución descontrolada. etc.

Pero ¿Y ellos? ¿Cómo se retratan en sus quejas? Porque sinceramente, ellos quedan todavía peor.

O ¿Qué pensaríais de una persona que tiene a su madre en una institución que maltrata, que favorece la enfermedad, que no cuida ni la salud, ni las necesidades básicas de la anciana?

Pues para mi, si la residencia maltrata, el familiar es todavía peor. No es sólo cómplice, es culpable de dejar a su amado padre en una institución tan horripilante como la nuestra.

Por mucho que no deje de quejarse, no deja de ser llamativo que no pida traslado, que no se vaya con la mujer a su casa, a otra residencia. 

En algunos casos, es una forma de vehiculizar un sentimiento intenso y profundo de culpabilidad. Nuestra sociedad, tan moderna ella, dice que tiene centros para cuidar como se merece a nuestros mayores. Pero la cultura, la tradición, nos tatuó que cuidar a los mayores en casa es lo que hay que hacer. Que los hijos deben cuidar a sus padres. En casa, claro.

En otros es un signo del carácter insatisfecho del hijo, hija, nieto, sobrino o vecina próxima.

Ojo, que no digo que muchas tengan una base real. En mi caso, trabajo en una institución muy grande, con muchos profesionales, con una gran variedad en el grado de profesionalidad, conocimientos, experiencia y amor propio. 

Si, tenemos mayores a los que no se les cambió correctamente el pañal. Alguno se ha caído. A otro le dimos sin querer con la pala de la silla en la pierna y le herimos. No siempre sabemos priorizar las necesidades de los residentes que comparten módulo.

Y si, hay profesionales que dejan mucho que desear, hay profesionales que son descuidados, que ni son buenos compañeros.

Pero, os prometo que no tantos como algunos familiares pueden dar a entender, con sus millones de quejas.

La mayoría estamos ahí, porque nos gusta nuestro trabajo, porque nuestros abuelos son parte de nuestro adn. La mayoría vigila la dieta, el aseo, la presencia y los estados de ánimo de cada uno de ellos. La mayoría se conoce a todos los familiares y sus vidas. Conocen hasta como miran cuando algo va mal, cuando la infección no ha dado ni fiebre, cuando el estado de ánimo de nuestro abuelito baja.

No somos perfectos, pero intentamos dar la mejor cara de nuestro trabajo.
Las generalizaciones no son buenas, no son verdad. Una media mentira, nunca es una media verdad.

domingo, 4 de octubre de 2015

DIMES Y DIRETES GERIÁTRICOS

Hace un par de días, concretamente el 1 de octubre, fue el día mundial de las Personas Mayores. Las redes sociales, los discursos, los organismos públicos y privados, se llenan de actividades, de actos, de buenas voluntades.
Sobrevolaron nuestras cabezas las grandes frases y las palabras redondas, de esas que llenan la boca de quien las pronuncia. Y, la verdad, algunas cansan.  Traídas por los pelos, generalizaciones, prejuicios, palabras cargadas de un equivocado buenrollismo. Hablo, por ejemplo, de la eterna confrontación entre cuidados familiares -en la casa- y cuidados institucionales. Como si fueran los dos lados de la misma moneda. Lo bueno y lo malo. El cielo y el infierno. 

Como si el cuidado en casa fuera lo mejor para TODOS los mayores- Como si TODAS las familias pudieran prestar "adecuadamente" estos cuidados. Como si TODAS las residencias puedan el final, el olvido, el compendio de los malos cuidados. El amor frente al abandono. Los cuidados frente al maltrato...

En mi residencia nos esforzamos por dar unos buenos cuidados, por hacer el trabajo con orgullo y profesionalidad. Es injusto para nosotros, para las familias y para los propios mayores, generalizar que las residencias son el último escalón, el fin. Porque así los mayores sienten su ingreso como un abandono y las familias cargan para siempre con el complejo de no haber sabido/podido/querido cuidar a sus seres queridos.

Dejemos a un lado que hay buenos y malos centros y buenos y malos profesionales. Como también pasaremos por alto la existencia de familias  buenas y malas, estupendas y maltratadoras, abuelos acompañados o abandonados en casas con barreras arquitectónicas, etc.

Para la mayoría -desde mi punto de vista-, lo mejor sería quedarse en su entorno habitual. Que éste esté adaptado y que se les presten los cuidados necesarios in situ. Tener a su disposición cuidados sanitarios profesionales, lavandería, limpieza, catering, educación, ocio, etc. Podrían vivir solos o con su familia. Pero con la máxima libertad y autonomía.

Y, cuando esta no fuera la opción más aconsejable, o el propio individuo lo eligiera, pasar a un nivel superior. Centros asistenciales donde recibir los cuidados que ya no pueden darse en el entorno habitual. Donde poder cuidar a mayores con patologías complicadas, por su sintomatología o por los cuidados a recibir.

Seamos justos. Exijamos unos cuidados satisfactorios en todas partes y por igual. Dotemos a los profesionales, las instituciones y las familias en la proporción, cantidad y especialización correspondiente. 

Y terminemos con las frases baratas y falsas.




martes, 5 de marzo de 2013

MEDITERRÁNEO


Desde mi primer trabajo, allá por el siglo XVIII, siempre he trabajado con música. Concretamente con la radio. Y ya pasamos de veinte años de ejercicio profesional (¡Santo Dios!¡Veinte años!).

Ya llevo quince años en esta residencia y no he cambiado la costumbre. Pero hace nada pillé un cadena de radio con música "menos moderna". Y se la planté a mis pacientes.

Gracias a ella, mi paciente con problemas de habla se arrancó a tararear una coplilla. Y otros tantos le hicieron los coros.

No olvidemos los usos y costumbres, para ayudarnos en los tratamientos. Las tradiciones, los cantantes, las películas, las historias de su juventud. Todo ello lo podemos introducir en nuestra dinámica.

¿Qué buscamos? Mejorar la predisposición de nuestros pacientes, la empatía. Ayudarnos con un mejor estado de ánimo. 

Aunque no seamos expertos en musicoterapia, la música es una buena herramienta auxiliar en nuestro trabajo como fisioterapeutas.

jueves, 10 de enero de 2013

MATEMATICAS Y COSTURA

El trabajo, como a muchos sanitarios, nos obliga a desplazarnos al domicilio de nuestros pacientes. Así es como visito a Inés y Juan, desde hace unas semanas. Juan con Alzheimer e Inés con mal de amores... noooo. Inés con problemas de columna.

Con el tiempo, se establece cierta fluidez en la conversación. Ellos cuentan -Juan no siempre se acuerda de algo que contar-, tú compartes también. Y poco a poco se va tejiendo la costura de la confianza. Terminas hablando de los regalos de Navidad, los hijos, los vecinos, lo cara que se ha puesto la vida, como se conocieron, etc.

En estas estábamos el último día, Inés y yo, cuando tras un silencio más o menos prolongado me pregunta muy seria:

- Oye ¿La longitud de la circunferencia es 3.141592?
Más perpleja de lo habitual, pregunté incrédula - ¿Qué?
- Pues que si la longitud de la circunferencia es π
- No estoy segura pero no es π solo.
- Pi no. Es pi por el radio al cuadrado? -Inés meditaba al otro lado de mis manos.
- Espera - dejé de tratarla y me concentré en recordar mi etapa escolar - creo que el área del círculo es pi por el radio al cuadrado...- Y con un esfuerzo más añadí un poco dudosa - Así que la longitud de la circunferencia es el diámetro de la circunferencia por  π
- ¿Segura? - la mujer parecía desconfiar un poco de mi memoria.

- Espera, que lo miro - y eché mano al móvil e internet-. 
- ¡Ah! ¿Esa máquina tuya es como la de Angela, tiene internet?
- Aha... Si, es correcto: diámetro por pi - Con gran curiosidad pregunté- Y, esto de  π ¿Por qué lo quieres saber?

- Ay, mujer. Estoy haciendo un mantel para una mesa camilla y no se cuánta tela necesito para los faldones.

Si está visto, las matemáticas son muy útiles para todo. Hasta para coser... o ser fisioterapeuta.











domingo, 25 de noviembre de 2012

FISIOTERAPIA: LUJO DE REYES Y MILLONARIOS

Nos llena de orgullo y satisfacción, saber que el rey ha iniciado su tratamiento fisioterápico el mismo sábado, horas después de su intervención. Y todo porque quieren una recuperación buena y rápida.
¿Qué profesional se queda tal cual, con tan buena valoración de su profesión?

Después vas a tu trabajo y ¡ZAS! la realidad te da en toda la boca. Hay pacientes y pacientes. Operaciones y operaciones. Derivaciones y ...

El rey necesitaba que pusieran a tono su flamante nueva cadera. Con 74 años, desde mi experiencia en geriatría, puedo decir que no es viejo. Le queda mucha guerra por dar (va sin segundas). Y me parece perfecto que le den de lo bueno, lo mejor. Actualmente, una prótesis de cadera devuelve la vida a muchas personas limitadas en movilidad y con dolores intensos. Y el rey no iba a ser menos.

Sin embargo, no termino de pillar el concepto variable de la derivación a fisioterapia. Es decir, unos tanto y otros tan poco. Si eres deportista de seis mil euros la articulación, rey, noble o similar, la fisioterapia es intensiva, vital, eficaz, necesaria, fiable, etc...

Pero si eres un viejete normalico, con tu pensión y tus nietos. Mejor te recuperas caminando tu solito, por casa y esas cosas. Total, qué vas a esperar, con ochenta años, de tu artrósica rodilla, o de tus gastados pulmones o tu trabajado corazón. Ya digo, salvo que seas un importante o valgas tu peso en oro.

Si eres una persona anónima, mejor espera a que ceda la contractura y el dolor para ir a un fisio. No, no vayas a fisioterapia que hacen daño (¿El resto de sanitarios NUNCA causan dolor, ni en las curas, ni cuando han operado, ni en las exploraciones, ni en las manipulaciones, ¡vamos! Algunas veces no queda más remedio). No vayas a fisioterapia porque estás con reposo y esa articulación no puede moverse (y del resto de articulaciones, órganos y aparatos ni hablamos, claro). No merece la pena que te prepares para una cirugía, que te enseñen a toser, a movilizarte, a cuidarte.

Nada de basarse en la evidencia. Sólo en la cuenta corriente del paciente. O es que si parece humilde, y no puede llegar a tiempo a superar la laaarga lista de espera, no puede acudir a un profesional privado. Eso me hace pensar que el rey no ha tenido que pasar por la ignominiosa lista de espera. Ah, no, que en la Quirón no hay lista de espera. Se me olvidaba.

Si mi trabajo y mi esfuerzo es bueno para unos, lo es igualmente para el resto de los mortales ¿A quién se lo tengo que grabar a fuego?




viernes, 23 de noviembre de 2012

ERASE UNA VEZ: UNA REUNIÓN DE EQUIPO... QUE FUNCIONÓ

A estas alturas del cuento, nadie discute la necesidad de trabajar en equipo. Ya queda muy vieja la discusión sobre multidisciplinar, interdisciplinar ocualquierotraforma. Ahora la cosa está en cómo funciona "la cosa". Distintas sensibilidades, distintas categorías, distintas opiniones, distintas visiones.

En mi centro nos reunimos por turnos y todos juntos-fuenteovejuna. Médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, terapeuta ocupacional y fisioterapeuta. Estas dos últimas vamos a todas porque somos figuras únicas. Poco a poco, también se incorporan auxiliares de enfermería -según qué temas se traten-.

Mira que es difícil que se entienda lo del intercambio de visiones y "el triunfo" de la opinión que más gente ve como adecuada. Las auxiliares dicen que no van, porque no pintan una mona, que sólo son limpiaculos. El médico dice que no entiende por qué no se le hace caso. Las enfermeras que si la cura es tuya, que si mía. Las trabajadoras sociales que a ver quién le dice a la familia ese cambio. La terapeuta no puede acudir porque la convocaron a otra cosa. Y la fisioterapeuta -servidora- que no siempre se entera de todo, buscando el equilibrio. 

Los de la mañana porque hay mucho trabajo. Los de la tarde porque son muy pocos. Los de la noche porque se sienten olvidados.

Así cada reunión... ¿No notáis que falta algo?
Venga, os doy unos segundos para pensar... tic...tac...tic...tac...
¡Exacto! Un caramelo para el lector de gafitas del fondo.

EL USUARIO.



Sip. Creo que se podría llegar a un acuerdo mayor y más comprometido si todos pusiéramos al usuario en el medio de la reunión. Que cada uno mire bien y piense "¿Qué puedo hacer por él, desde mi puesto?". Hay se incluye cantidad de personal, turno, categoría, etc. Pero se oferta desde el otro lado. Buscando lo mejor -que no siempre coincide con lo que él quiere- para el anciano que recibe nuestros cuidados.

Creo firmemente que los equipos funcionarán genial, cuando se ponga el acento donde realmente tiene que ponerse y no en lo que yo digo que es correcto.

Y, me llena de orgullo y satisfacción, decir que la última reunión del equipo de mi residencia funcionó así. Y dio gusto.

martes, 13 de noviembre de 2012

COLOCAME LA TETA

Con las personas mayores, como con los niños, corremos el peligro de hacerlo todo para terminar antes. El tiempo es el gran enemigo de todito todo. Que si hay que levantar a ciento, que si la mitad antes de las nueve, que si tocan mil duchas, que si la medicación de la planta, que si las grúas, que si tal... Vamos corriendo por las habitaciones, por las plantas, por los pasillos. Como si la vida fuera un paso por delante.
Y, si encima el usuario-paciente-abuelo, se deja hacer, pues tenemos la ecuación perfecta.
Hoy subí a una planta para echar un vistazo. Movilidad, ergonomía, riesgo de caídas, ayudas técnicas, autonomía, equilibrio y demás cosas que miramos los fisioterapeutas por las plantas a horas intempestivas, como la de levantar.
Así entré en la habitación de Adela. ciento cuatro años muy apañados. Hace uno mes y medio se cayó y creyó que no volvería a caminar. Pero no quisimos darle la razón y por ahí va, con su andador. Sin embargo, hay cosas que empiezan a llamar la atención. Con la tontería de charlar con ella y su auxiliar de referencia, estuve en el aseo y vestido. Ya de paso echando una mano, que una no vale para estar de brazos cruzados. Y cuando le ponen el sujetador, se queda a la espera, mientras abrochan los corchetes.

- Adela, hija, recolócate los pechos que se te escapan.
- No - Me responde, mirando a ninguna parte.
- ¿Cómo que no?
- No, que ella lo hace mejor - añade, cabeceando hacia la compañera-.
- Pero si no te pasa nada en los brazos.
- Que no.

Son pequeños gestos, pequeños detalles que nos dan la alerta. No hay ningún tipo de limitación para ese gesto, ni tronco, ni hombros, ni codos, ni manos. Ni mucho menos en los pechos. 
Sin embargo, es otro pequeños detalle de cierta rendición. Poco a poco. 
Mañana la voy a poner una parrilla nueva de ejercicios para miembro superior. Y otro para el amor propio de una mujer que ha sido tan batalladora.

jueves, 27 de septiembre de 2012

UNA VAGA MAS

Es curioso el concepto de trabajo que tiene la gente. Que principalmente se reduce a  "Si no me está tratando no da palo al agua". Si es que te dan esa posibilidad, claro.

Hace unos días, volvió del hospital Maruja. Se le luxó la prótesis de rodilla y volvió del hospital con una aparatosa fijación externa. Como le molesta bastante, pasa gran parte de su jornada en la cama.
Mientras mi auxiliar hace la tabla de gimnasia, yo aprovecho para buscar informes, pasar por la enfermería, tratar algún encamado, etc. Así que pasé por su habitación:

- Hola Maruja ¿Cómo estás?
- Hola Olga, aquí con Manuela que ha venido a saludarme - responde mientras me señala a una señora menuda, parapetada tras su andador.
- Hola Manuela, no le había visto.
Ella responde con una elegante elevación de ceja. Que ya es mucho.

- ¿Me permites? - pregunto, mientras levanto la sábana que tapa la pierna de robocop.
- Claro, claro - y con un punto de desprecio, añade- pero tú no puedes hacer nada.
- ¿Eh? - Me sorprende el comentario, no el puntito - ¿Qué no puedo hacer?
- Pues eso, nada - Y añade como quien gana un punto - que dicen en el hospital que tú no puedes hacer nada. Que no me lo toques. Que no puedo hacer fisioterapia. Hasta que ellos digan.
- Ah, bueno. Si lo dicen en el hospital.
- Claro. Así que nada.
- Bueno, pues que te mejores - girándome, miro a la parapetada tras su pesado andador y  saludo - adiós Manuela. Te dejo que le des conversación.
Y me gano otro levantamiento de ceja. Es mi día de suerte. Una mirada de desprecio y dos levantamientos de ceja.

Con las mismas, y sabiendo que no me va a dejar iniciar ningún tratamiento, me ahorro el explicarle que debería trabajar con la otra pierna, las otras articulaciones de la perjudicada. Ni hablamos de tronco, brazos, cardiorrespiratorios, etc, etc. Si antes no quería ni acercarse a la puerta de mi sala, ahora no iba a ser menos.

Salgo al pasillo y me encamino a mi despacho, cuando observo que tengo los cordones desatados. Así que me paro y me agacho para atarlos. Como estoy al lado de la puerta, puedo escuchar la conversación de las mujeres.

- Esta es otra - dice Manuela -. Son todas iguales.
- Y que lo digas - confirma Maruja -. Todo el día por ahí, perdida, sin trabajar. Es que se pasa horas sin aparecer por el gimnasio.
- Si. Una vaga y perezosa. Como todas las de la casa ¡Menudo personal tenemos!.
- Una pena - y como un lamento, Maruja añade - Así ¿Cómo me voy a recuperar yo?

¡Toma! Pues por intervención divina. Que es francamente eficaz.

Así que me marché para hacer un rato el vago entre informes médicos.

martes, 4 de septiembre de 2012

TROZOS DE PASADO AJENO (II)

POR UN PUÑADO DE PESETAS
- Buenas Poli.
- ¡Hola bonita! - La mujer, sonriendo añade- ¿Vienes a por mi?
- Pues claro ¿A por quién sino? - con gestos exagerados de búsqueda, añado - Por aquí no veo a nadie más.
- ¡Pero qué maja eres! - Recogiendo rápidamente los objetos que tiene sobre la falda continúa- espera que guardo ésto.
- ¡Cuidado! Que se te caen los ahorros- Le aviso, mientras recojo una moneda 20 céntimos- ¿Dejando propina para las de la limpieza? ¡Qué maja!
- ¡Ay, no hija! Que apenas me queda para un zumo en la cafetería - Y tras pensar unos segundos continúa - Claro que si la mujer lo necesitara...

Bajamos a la sala, para su terapia diaria. Poli habla mucho, quizá para sentirse viva, quizá para sobrevivir en las mentes de los demás. Aunque lo más seguro es que lo hace para que se me olvide algún ejercicio o alguna serie de repeticiones.

- Sabes una cosa.
- Se alguna - y guiñando un ojo, añado- pero no creo que hables justamente de esas.
- A mi si que me dejaban pesetas.
- Anda mira, ¿El ratoncito Pérez?
- No, mi señora - tomó aire y empezó a relatar -. Yo he criado a mis hijos sirviendo. En mi época era lo que había para las que no teníamos estudios. 
- Pero conseguiste hacerlo. Eso está muy bien.
- He trabajado mucho - paró unos segundos, quizá para reordenar recuerdos-. Pero no hemos pasado hambre.
- Eso es importante.
- La verdad es que mi señora era muy desconfiada, pero yo más lista -añadió sonriendo-. Ella quería saber si las criadas eran de fiar. Y se le ocurrió la idea de tirar monedas por los rincones. O dejaba una peseta debajo del balde de lavar la ropa.
- Anda, queeee, menudas ideas.
- Si - me guiñó un ojo-, pero yo lo sabía. Había chicas que se encontraban una peseta y se la guardaban. La señora esperaba la jornada a ver qué hacían. Si no se la daban, ese mismo día las despedía.
Mientras yo seguía movilizando su pierna, Poli había retrocedido en el tiempo y ya no veía la sala, sino aquella casa donde sirvió media vida.
- Lo que yo hacía era recogerlas y al final de la jornada le decía "Señora, debe revisar sus ropas. Me he encontrado estas pesetas por la casa. Y puede que pierda muchas cosas si no arreglamos ésto". Y la mujer tan feliz, decía que en mi si se podía confiar. Y mira que, si por ella fuera, nos moriríamos de hambre con su paga.
- ¿No podías cambiar de casa? - Por dar una idea, que apenas si puedo imaginar la vida cuando Poli era joven-.
- Quita, quita mujer - hizo un gesto, como si espantara esa posibilidad-. La señora, como de mi si podía fiarse, me dio las llaves de la despensa - Con mirada pícara  confesó - ¿Quién quería unas pesetas, si podía llevarse unos buenos lomos de la despensa?.
- ¡Pero mira que has sido pilla! 
- Tenía que mantener a mi familia y ella nunca entraba en la despensa. Tenía tanta comida que no podía llevar la cuenta. Y con un lomo, un queso o algo así, mi familia iba bien servida.
- La vida es dura.
- Si, más en aquella época - terminó diciendo- pero yo supe apañármelas. Mejor un jamón que una peseta.

Y tanto que si.

miércoles, 27 de junio de 2012

¡TACHANNN! Y AQUÍ EL GIMNASIO.

Ya me he acostumbrado a que una compañera, cuando hace los preingresos en la residencia, asome a cabeza por el departamento. Lo que no significa que me dirija la palabra. Con unos cuantos desconocidos con cara de situación y ansiedad detrás de ella.
Y le oigo como presenta "Y este es el gimnasio, donde vendrá a hacer la fisioterapia". Y se queda más ancha que larga. El personal asoma la cabeza, mira sin saber muy bien qué hacer y se van todos a otra parada de la visita turística.
No hago caso ya de la mala educación. No sólo no saludarme, ni presentarme, o directamente hacerme el vacío. Tampoco da un toquecito a la puerta. Ni se cuida de lo que pueda estar pasando de puertas para dentro.

Lo que me fastidia es la expectativa que crea. Me consta que ha llegado a decir que vendrían diariamente a ser tratados por mi. Está claro que la gente pregunta por la fisioterapia que hay en el centro, si es que hay. A las familias les preocupa. Ya bien sea por complejo de culpa por "abandonar" a su familiar en una residencia, bien sea porque lo consideran vital, bien sea porque cuanto más haya mejor.

Me fastidia porque sólo hay una fisioterapeuta. Porque tengo una técnico media jornada al día. Si falta, aquí nadie aparece para echar una mano, ni está programado por los superiores, faltaría más. Porque todos los usuarios de la residencia se beneficiarían de un programa personalizado que no abarco.

Me fastidia porque la administración queda estupendamente, ofertando una residencia con fisioterapia -se les llena la boca-. Incluso pasan por los departamentos para hacerse la foto y aparecemos en las revistas.

Me fastidia porque lo que puedo conseguir, se ve mermado en gran medida por esa limitación de personal. 

Me fastidia porque somos estupendos y maravillosos, y conseguimos que la gente vuelva a caminar, que coman, que se rasquen, que se levanten de la silla, que se mantengan derechos en la silla de ruedas, etc. Pero no tan maravillosos como para que se intente mejorar el departamento -me refiero a algo más que no sea decirme "tenemos que estar a la altura de los nuevos retos" Porque ya lo estoy intentando desde que entré y me responsabilicé.

Me fastidia porque cuando no doy a basto y un residente o un familiar se quejan con/sin razón, la solución es una orden de dirección diciendo que he de tratar a no-se-quién o aplicar no-se-qué cosa. Sin pedir opinión, sin preguntar, y casi sin hablar.

Me fastidia y me aguanto. Lo que no se es hasta cuando... Si hasta jubilarme, hasta que me echen, o hasta mañana mismo (si me toca una primitiva de las buenas).


jueves, 14 de junio de 2012

UNA DE PARAFINA POR LA GRACIA DE DIOS.

Hace una semana escasa, se plantó  mi jefe en el departamento. Extraño, no suele pisarlo mucho. Así que, si lo pisa "nada bueno". El caso es que me espeta:

- ¿Hay que comprar parafina?
- No - Respondo sorprendida.
- Pues hay que empezar a darsela a Zutanita.
- ¿EH?
- Si, que ha ido al director a quejarse y éste me ha dicho a mi que te diga que se lo des.
Encogiéndome de hombros respondí - Ah, vale. Sin problema.

Con las mismas, dio media vuelta y desapareció por la puerta, tan rápido como entró.

Así es la nueva forma de pautar los tratamientos en mi centro. ¿Quién necesita protocolos, equipos, profesionales, o médicos? Basta con un director (Si, es enfermero, pero dudo mucho que ejerciera durante mucho tiempo. Y eso pasó hace lustros), para responder eficazmente a las necesidades del usuario.

¿Acaso me llamó para preguntar por la situación? NO.
¿Me llamó/escribió/hizo señales de humo para informarme de la queja de la residente? NO.
¿Conoce el historial médico de la usuaria?¿Sabe si se le aplicó el tratamiento con anterioridad y dio o no resultado beneficioso?¿Sabe si no se le pone por algún "oscuro" problema de la fisioterapeuta? NO, NO y NO.

Tranquilos, hemos iniciado un bloque de 15 sesiones de baños de parafina. No lo tiene contraindicado y las veces anteriores le sentó bien (pan para hoy...). Pero mi "oscura" intención de conseguir que hiciera algo más, que pudiera beneficiarla, algún programa que llevaba entre manos para activarla, se han ido al garete. 

¡Vivaaaaaaaaaaaaaa!

jueves, 17 de mayo de 2012

SON COMO NIÑOS... PERO NO LO SON


Un comentario frecuente, cuando hablas de los mayores, sobretodo si hay una dependencia ya, es "es que son como niños". 

Y es verdad, muchos comportamientos nos recuerdan la conducta de niños pequeños. Accesos de ira, celos, necesidad perentoria de ser el centro de la familia, de la planta, de la residencia. Fijaciones, obsesiones, incontinencia, sueño a destiempo, etc.


Y si, puede decirse que son "como..." pero NO lo son.
No olvidemos nunca, que no lo son. Aunque pueda parecer que los extremos se tocan.

A fin de cuentas, nuestros mayores, padres, tíos, vecinos, pacientes, han pasado por muchas cosas. Incluimos hambre, guerra, trabajo, familia, hijos, injusticias, suerte, amor, desamor, tristeza, enfermedades, momentos de intensa felicidad, vacío, alegría, etc. Y que existan comportamientos similares, no nos autoriza a tratarles igual. Es cuestión de respeto. De respeto a su persona, a su historia, a su vida.

Puede que ya no nos interese su experiencia, puede que ni puedan contarla. Pero la tienen.
Otra cosa es que nos caigan bien, mal, estén demenciados, tengan un carácter estupendo o sean odiosos. Eso caracteriza a la persona. No la equipara con la infancia.

Así que la próxima vez que infantilicemos a un mayor, respetemos su historia.

miércoles, 15 de febrero de 2012

MIRADAS AJENAS


Algunas veces, en nuestro trabajo, recibimos la visita -más o menos duradera- de alumnos de diversos cursos o entidades. Por allí pasan chavales de varios colegios de la zona, alumnos de cursos de ayuda a domicilio, tuvimos alumnos de fisioterapia, enfermería y trabajo social.


Una de las visitas más breves es la de un licenciado en INEF, que está haciendo un master en trabajo social. Y ha pedido visitar todos los departamentos de la residencia, para poder conocer qué hacemos, cómo lo hacemos y con quién.

La inercia de los años y la experiencia, nos hace desconfiar de "observadores". Sentimos que nos espían, nos evalúan, nos critican, etc. Pero todo depende, en gran medida, en cómo veamos nosotros al observador.

Así que esta vez decidí coger el toro por los cuernos. Antes de que rotara por mi departamento, le propuse que preparara una actividad con usuarios de sillas de ruedas, con control de tronco y movilidad de los dos brazos - o uno solo-, sin gran deterioro cognitivo. 

Muy dispuesto, teniendo en cuenta que quiere centrar su trabajo sobre el envejecimiento activo, se preparó un programa. Pero mis abuelos son muy dados a ser de su padre y de su madre. Y cada uno trabajó de manera distinta. O directamente le mandó a freír gárgaras. 

Yo he recordado cosas que había dejado de trabajar con ellos y me ha dado un par de ideas. Él ha aprendido que no todos los abuelos son como los que llenan los viajes del INSERSO. Que el envejecimiento activo hay que adaptarlo a cada individuo. Y que se puede ser muy de "envejecimiento activo" y trabajar con mayores muy dependientes.

Al final, nos quedamos charlando y pusimos un montón de ideas en común. Es bueno hablar con gente que no hace lo mismo que tú, enriquece tu trabajo y tu vida.

Ambos nos llevamos que no hay que tener ideas precondebidas. Porque casi siempre son equivocadas.

lunes, 26 de diciembre de 2011

MOTIVO DE DERIVACIÓN: PETICIÓN FAMILIAR


Hace unos días, me desayuné con la solicitud de valoración de una residente. El médico del otro turno, me solicitaba tratamiento para una persona -a la que, por otro lado, ya estaba tratando-. Hasta ahí todo normal.


Normalmente, me solicita valoración de fisioterapia para ser incluido en algún programa de tratamiento. Bien sea para evitar la inmovilidad, para recuperar tras una fractura, una prótesis, un acva, etc.

Lo que me sorprende es que me deriven a una residente "A petición de la familia". Ese único motivo de derivación, no implica la causa sobre la que puedo actuar, no me indica qué ha visto en su exploración el doctor. Es más, no me dice que haya existido una valoración médica.
Y me dice muy poco. 

No se me ocurre derivar a nadie a la consulta médica, porque la familia me ha pedido que lo haga. Si les digo que acudan es porque observo algo que no es de mi competencia, algo que no cuadra, dudas que no se resolver, síntomas que se salen de mis posibilidades, etc. 
Y me molesta, en parte, que se realice de esta manera, porque me parece poco serio. La familia está en su derecho a solicitar que su familiar sea derivado a fisioterapia. Pero se hace necesaria una exploración, un motivo médico, algo, que lo justifique. Ya no digo que esté o no de acuerdo el doctor.

Por otro lado, asistiendo ya a tratamiento, me sorprendió que no hablaran conmigo. Si encima tenemos en cuenta que la relación es muy buena. Si el tratamiento genera dudas o inquietud, creo que soy bastante accesible para que se me pregunte. Pero bueno, cada uno es como es. 

El conocimiento de los efectos beneficiosos de la fisioterapia son cada vez más conocidos por la población. Puede que la familia quisiera ampliar el tratamiento a algo más global, que no sólo el brazo roto. Esto ya sería un buen punto de partida para una valoración médica, sobre el estado general, deteriorado o no. Entonces ya tiene más sentido. Otra cosa es que yo pueda dedicar mucho más tiempo a un sólo residente, teniendo todos los que ya tengo en tratamiento o esperando. Pero bueno, eso es harina de otro costal.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

MOMENTOS PARA COMPARTIR EN LA ENFERMERIA

Últimamente paso bastante por la unidad de enfermería de la residencia. No porque yo lo necesite ¡Vive Dios! sino porque se van alojando allí residentes que requieren de mis cuidados profesionales.

De los ocho ingresados, seis tienen tratamiento en activo. Y para allá que nos fuimos, ya de paso hicimos caminar a otro desde el departamento.

Coincidimos, será que hoy es fiesta en Madrid, con unos cuantos familiares. Así que, sin darnos cuenta, estábamos de cháchara todos. Que si firmando la escayola de una de las abuelas, que si enseñando las fotos de la hija de mi auxiliar, que si bromeando con otro abuelo, etc.

Se produjo un momento bastante distendido y lleno de historias y buen rollo.
Esos momentos son enormemente terapéuticos. No ver a la familia y el personal enfrentado, un ambiente relajado y distendido, bromas y risas que relajan el ambiente. Hacerse próximo no tiene que significar perder el "estatus" de profesional. Porque en mi residencia, a conocimientos de fisioterapia, no me gana ni el director. Al resto me pueden ganar todos.

Los miedos son muchos, debemos luchar con todas las armas a nuestro alcance. Hacer frente con terapéutica, con palabras, con medicinas, con risas, con protocolos, con escucha activa.
Hoy los dejé a todos sonriendo. Hasta los familiares. Fue una gran sesión.

jueves, 6 de octubre de 2011

ANTONIA Y STEVE

Hoy amanecimos con la noticia del fallecimiento de Steve Jobs. Antes hablaban de una "larga enfermedad" cuando hablaban de cáncer. Ahora se puede hablar directamente de cáncer de páncreas. El caso es el mismo, Steve perdió la partida.

Mi twitter se llenó de condolencias, reproducciones de uno de sus discursos más emotivos, recuerdos, lamentos y condolencias. Medio planeta lamenta su pérdida. Amigos, enemigos, trabajadores y clientes.

La verdad es que lamento su pérdida, como persona. Realmente, aunque me gane enemigos, como empresario me da igual. No como gracias a él. No salí de cañas con él, ni le conté mis penas.
Ni, menos aún, me las contó él. No puedo hablar de él, como si fuera una persona especial para mi. Si tengo Ipod, Iphone y Mac. Pero no me los regaló.

Al llegar al trabajo, me enteré de otra muerte. Antonia, 96 años, falleció en el postoperatorio tras una intervención por una fractura de cadera. Su cuerpo no pudo con el deterioro, la vida, los déficits, el esfuerzo diario para moverse, la caída, la fractura y la intervención.

Antonia deja tres hijos, siete nietos y cuatro biznietos.

Al poco de empezar en la residencia, me lié la manta a la cabeza y me llevé a cuatro abuelas a unos encuentros deportivos a Tarragona. Ella fue. Guardo las fotos, las risas, las ocurrencias. Me ayudó durante años con la tabla de gimnasia general. Me invitó a algún café y me contó alguna pena.  Era habitual en las obras de teatro del grupo de la residencia durante muchos años. Y no se perdió mientras pudo excursión alguna. Y fue la primera en venir a la piscina para hacer gimnasia.
He compartido con ella 13 años de trabajo.

No era mi familia, no era mi abuela, en una pequeña porción, como y me visto gracias a ella y a los otros abuelos de mi residencia. 
No he puesto ni un tweet sobre Antonia. La noticia de su fallecimiento no ha llegado ni al portal de al lado.

Pero hoy, le dedico mi recuerdo a Antonia. Una luchadora nata. Una mujer que sólo sabía las cuatro reglas, que emigró a Madrid buscando lo mejor para su familia. Que fregó suelos ajenos y propios. Que necesitó de su marido para abrir una cuenta y que nunca sacó el carnet de conducir. Disfrutó todo lo que pudo de la vida.

Un beso Antonia. Saluda a Steve.

domingo, 27 de febrero de 2011

FIJACION

Hay una abuela en la residencia donde trabajo por las mañanas, que siempre repite la misma cantinela. Bueno, una de tantas.
Tiene artrosis de rodilla, la izquierda tiene un flexo "interesante". Tras un problema en los pies, con intervención incluida, dejó de caminar y casi de moverse -no es que sea tampoco muy dada a realizar actividades que requieran un mínimo esfuerzo físico-. Por lo que ahora toca ponerle las pilas y obligarla a mover esa pierna, a caminar, etc.
Al igual que la rutina de tratamiento, ella tiene su rutina de conversación. Como en un chiste de Mafalda, donde el padre cuenta mil veces y problema con el coche y toda la familia lo repite a coro, con esta mujer sucede algo parecido.
El problema de su rodilla, no es la artrosis, no es la falta de ejercicio, no es la suma de sus 87 primaveras... Noooo. El problema radica en una operación de hernia discal. Comenta que le dijeron que tenía una hernia lumbar. La abrieron para quitársela y ¡Oh, sorpresa! Cuando la abrieron no tenía nada. Así que, con las mismas, la volvieron a cerrar. 
No nos consta informes de esa intervención, que fue cuando reinaba Carolo. El marido afirma que la pierna estaba estupenda -y no hablaba el loco enamorado, sino el aburrido marido- y que ni cirugía ni leches. Que son los años.
Peeeeeero, nada baja de la burra a mi paciente. Si fue de la operación fue de la operación. Y punto. Cualquier excusa es buena, para esquivar la necesidad de trabajar intensamente y así mejorar.
Y, como fue secundario a la intervención, no hay nada que hacer -es decir, no pienso hacer ni un ejercicios más- por su parte. Y lo único que le resta decir, tras contar la historia cada día, es añadir que al cirujano tenía que haberlo colgado.
Pobre cirujano.

martes, 25 de enero de 2011

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE

"Llega un día en que el cuerpo se cansa de aguantar." C.L.
Estas palabras las dijo hoy una abuela de la residencia donde trabajo de mañana. No, no se refería a las noches de farra, alcohol, drogas hombres/mujeres y/o baile hasta el amanecer.
Lo dice tras una larga lucha contra el cáncer. Con la voz quebrada y cierta paz. Aceptando su situación. El dolor, aguantado años y años, parece darle igual. Ha mirado de frente a su enfermedad, sus recaídas y sus metástasis.
Siente cerca la muerte. Pero ni se queja, ni protesta. Acepta.
Viene todos los días al departamento, caminamos, hacemos ejercicios, le hago drenaje linfático y le coloco el correspondiente vendaje en el brazo. Y hablamos, a su ritmo, cuando quiere.
Respeto mucho a mis pacientes. A estas personas, con todos sus años, experiencias y problemas no les esquivo su dosis de verdad. No es digo que no digan eso, que van a dar guerra muchos años, que eso de que la van a palmar es una tontería, etc.
Llega un momento en la vida en la que algunos pueden hablar de la muerte con cierto distanciamiento. Con calma. Sin agobio.
En estos días, en los que envejecer está prohibido y hablar de la muerte es tabú, se agradece la conversación tranquila con quien la ve de cerca. Con los que saben que, al final, ganarán. Si, ganarán. Morirán y se llevarán la enfermedad, la vida y hasta a la misma muerte a la tumba.